venta de medicamentosEl Sol aún no se refugia por completo en el horizonte cuando el hombre se acerca de manera sigilosa a la mujer parada en el portal de su casa, que casi se asusta ante la presencia del extraño. La conversación es rápida: él le pregunta si quiere comprar algunas medicinas y, ante la respuesta negativa, se marcha con la misma cautela.

Una realidad es evidente: la venta ilegal de medicamentos persiste en Ciego de Ávila

La muchacha camina con prisa mañanera por el parque Martí de la ciudad de Ciego de Ávila. De repente, alguien se le acerca y le propone un pomo de vitamina C a 25 pesos. Indignada, le contesta que no.

El joven llega al mediodía a la casa y encuentra a su madre abatida. Esta le cuenta que compró a sobreprecio las pastillas que le hacían falta, pues hizo la cola en la farmacia y no alcanzó.

La mujer arriba apresurada a su hogar y se acerca a la que ya la espera en la acera. Con rapidez, se produce el canje: una se marcha con determinada suma de dinero y la otra recibe las medicinas que encargó.

Estas escenas no son imaginarias, ni extraídas de un libro, filme o serial de televisión. La vivieron algunas de las personas con las que conversó Invasor para conocer la situación actual de la venta ilícita de medicamentos en la provincia.

SECRETO A VOCES

Una realidad se impone: como en otras partes del Archipiélago, el comercio ilegítimo de medicinas pulula en las calles. Claro, este es mayor en ciudades como Ciego de Ávila y Morón que en los poblados pequeños.

El modus operandi es variado: en bicicleta o a pie, buscan el mercado adecuado. Algunos entrevistados me comentaron que han sido abordados en plena vía por los vendedores, portadores de medicamentos en jabas y bolsos.

Otros conocen de antemano las necesidades de algunas personas y hasta reciben encargos de ellas para hacerles llegar lo que necesitan y no pueden adquirir, bien porque están en falta, o porque, como me comentó una muchacha, “en contra de mi voluntad, me veo obligada a comprar medicinas a quien me las pueda suministrar, aunque pague más, pues no tengo tiempo para estar varias horas en una cola sin la seguridad de alcanzar”.

En conversación con una anciana, dijo que estaba desde bien temprano en la mañana en la farmacia para comprar vitamina C, pues la necesitaba para su esposo. Ya era cerca de las 4:00 de la tarde, estaba sin almorzar y solo atinó a expresar: “Mija, yo no puedo pagar 25 pesos por la calle para comprarla, tengo que resolver, aunque desfallezca.”

Otra persona manifestó que, en la capital avileña, ha observado que algunos de los que se dedican a vender medicamentos “por la izquierda” son alcohólicos.

Los vendedores, lo mismo se ubican en un sitio fijo para comercializar o proponer su “mercancía”, que deambulan por la vía pública o responden a “encargos”. Aquí se cumple aquello de que en tiempo de escaseces afloran las miserias humanas.

Los medicamentos más recurrentes en las ventas de manera ilegal son dipirona (conocida popularmente como duralgina), vitamina C, loratadina, omeprazol, cimetidina, paracetamol, clorodiazepóxido, entre otros.

El sobreprecio de la duralgina oscila entre cinco y 10 pesos, el blister de 10 pastillas, el pomo de vitamina C oscila entre 15 y 25.

La loratadina se comercializa entre cinco y 10 pesos, la cajita de omeprazol (trae 14 pastillas) a 20, el paracetamol a cinco, el pomo de novatropín a 10, la cimetidina a 60, el clorodiazepóxido, entre 10 y 15.

LAS FARMACIAS

La licenciada Dulce María Fernández Martínez es la directora provincial de Farmacias y Ópticas, empresa que se dedica a controlar la actividad comercial en esas unidades.

venta de medicamentos“Contamos con 95 farmacias, de estas, tenemos 10 categorizadas como principales municipales, que son las que rectorean todo el trabajo del resto de las unidades.

Largas colas se forman en las farmacias los días en que son abastecidas. Algunos no alcanzan las medicinas más demandadas y recurren a compras ilícitas

“Nosotros somos los comercializadores minoristas. Los almacenes que tenemos son los pequeños que hay en cada farmacia. Los distribuidores mayoristas son las droguerías, que hay una en cada provincia.

“Tenemos hoy un cuadro básico de 398 medicamentos, de los cuales el mayor porcentaje se expende por receta médica. En estos momentos el promedio de faltas en la provincia es de 47. Cerramos 2015 con 48. Los más significativos son el diazepam en tabletas, el complejo vitamínico B en jarabe, el hidróxido de aluminio (conocido como alusil), la loratadina, el omeprazol y la ranitidina.

“Hay un grupo que los conocemos como topados, son los que la industria médico-farmacéutica no puede producir en proporción con la alta demanda existente. Tratamos de que semanalmente haya una presencia en baja cobertura, mínima, en farmacia. Son la brea (hoy está en falta), el mentolán crema (las unidades nuestras reciben tres, cuatro, cinco y hasta 10 tubos), la vitamina C en tabletas y el micocilén.

“Estamos aplicando desde hace mucho tiempo un grupo de medidas para evitar el acaparamiento, base para la venta ilegal.

Se reciben las medicinas de la droguería mediante pedido previo. Ese envío llega bien embalado, protegido, se revisa y verifica que las cajas vengan seguras.

“Cada farmacia tiene una comisión para recibir los medicamentos, y comprobar que llega lo mismo que salió del almacén.

“Durante 2015 y lo que va de 2016, el proceso de reclamación ha existido, no ha habido faltantes excesivos. Tras revisarse el embalaje, comienza el conteo de frascos, blísteres y cajas, y el proceso de control interno de la unidad.

“Tenemos una planificación, en la cual directivos y funcionarios de la empresa participamos en la recepción de los pedidos, vamos a las farmacias y esperamos el pedido allí. Es un monitoreo que hacemos todas las semanas, entre otras medidas que tenemos establecidas”.

Pero a pesar de las estrategias en las unidades, muchas personas refieren que de estas sale una parte considerable de los medicamentos que se comercializan en las calles avileñas, en buena medida porque los revendedores acumulan recetas médicas y se imponen en las colas.

LLUEVE SOBRE MOJADO

No es la primera vez que Invasor denuncia la situación de la venta ilegal de medicinas. En el reportaje De dónde salen, publicado en la página 4 de la edición impresa del 22 de mayo de 2004, se abordó la realidad de este mercado:
No creo haber descubierto nada nuevo en mi pesquisa periodística. Es obvio que las medicinas que son vendidas por la calle salen de instituciones estatales: ya sean almacenes, farmacias, laboratorios, hospitales, policlínicos... o de la indolencia de algunos facultativos que recetan por complacencia.

Y no podemos cerrar los ojos ante una realidad que irrita, pero que no puede opacar el esfuerzo colosal del Estado que, aun en las peores condiciones económicas, no ha dejado de apoyar al máximo todo lo referente a la salud del pueblo, algo que hasta nuestros propios enemigos han tenido que reconocer.

Es hora de enfrentar el problema con las mangas al codo. Con razón uno de mis entrevistados afirmó: el que vende medicamentos de manera ilegal debería pasarse la vida tomándolos.

La Luna señorea en el cielo. El hombre detiene su bicicleta ante una casa conocida. Saca de la mochila la mercancía y entra a la vivienda, donde recibe el dinero. La vida sigue igual para el comercio ilegítimo de medicamentos en Ciego de Ávila.

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