Jóvenes 4• ¿Qué estilos o tendencias de consumo cultural predominan en Ciego de Ávila?, ¿existe una farándula?... Invasor busca esta y otras respuestas

Dictar sentencia sobre lo adecuado o lo inaceptable en materia de moda y gustos ha entrado, en los últimos tiempos, en terreno polémico. Nadie podría afirmar, al ciento por ciento, que aquel pelo es demasiado largo, la barba inapropiada, las botas muy rústicas, o la música estridente.

La individualidad ha comenzado a construirse desde derroteros comunes en una suerte de prácticas culturales homogenizadas. La moda se importa en maletas, el paquete impone realidades distantes a la nuestra, y la niñez ha cedido terreno a la prematura adolescencia.

Jóvenes cada vez más jóvenes salen a la calle, imitan lo que ven, y exhiben estilos “espectaculares” en medio del imperio del swing.

¿Qué lugares visito?, ¿qué música escucho?, ¿cómo me visto?... ¿lo que consumo podría definirme?

¿PRÁCTICAS CONSENSUADAS?

La juventud, desde la epistemología de las Ciencias Sociales, parece ser un concepto relativo, una representación socialmente construida de qué y quién se considera joven, sin olvidar la base material vinculada a la edad.

En nuestro país las investigaciones sobre este sector poblacional y sus prácticas culturales se han desarrollado desde temáticas como el tiempo libre, la recreación, el género, la sexualidad, la familia, la participación sociopolítica o la inserción laboral. Sin embargo, según estudios del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello (ICIC), ha faltado sistematicidad entre ambos enfoques, desde el punto de vista de las implicaciones simbólicas e identitarias erigidas en el día a día.

Los intentos de pensar a los jóvenes desde la cultura, y viceversa, han colocado al centro del debate el fenómeno de las nuevas identidades que buscan marcar sus “fronteras” desde patrones estéticos y de consumo diferenciado, o sea, entran en escena las conocidas tribus urbanas, definidas como grupos de jóvenes que piensan, visten y actúan de acuerdo con determinadas normas y creencias. El yo individual se sustituye por un yo colectivo.

La realidad habanera de la Calle G surge como baluarte de estas singularidades, pero hacia las provincias los estilos se desdibujan y ya no puede hablarse, únicamente, de rockeros, frikis, hippies, repas o rastafaris.

El psicólogo Danis Rodríguez Ceballos, especialista del Departamento Provincial de Promoción de Salud y Prevención de Enfermedades, ha estudiado el tema y explicó a este semanario que los fenómenos dados en la capital con intensidad tienden a imitarse en las restantes provincias.

“En Ciego de Ávila existe una juventud muy diversa que recibe dos influencias fundamentales: una conservadora, girada hacia lo popular-campesino, típica de la región centro-oriental del país; y otra más moderna, producto del contacto cultural con la capital y el flujo migratorio. Además, los centros de recreación son mínimos y orientados hacia los mismos perfiles. Por tanto, no puede hablarse de tribus urbanas en el territorio, aunque sí de tendencias a la hora de mostrarse a la sociedad, producto de fenómenos imitativos de la realidad foránea que nos llega por diversas vías.”

Entonces, que alguien vista de negro, use expansores, tenis de marca, gorras llamativas, jeans rotos o dreadlocks no significa que comparta los códigos estéticos e identitarios de una tribu, sino que busca un look propio y, en la mayoría de los casos, desconoce el grupo de valores, costumbres y representaciones a los que alude con su indumentaria, o, incluso, su referente de origen.

Oscar Manuel Díaz Martínez se identifica como rockero, usa ropa negra, expansores, manillas y collares, pero reconoce que “existe mucha incultura y consumo de cualquier cosa, la gente no sabe definir su estilo. Tampoco se puede ser radical, por ejemplo, siempre no visto de negro ni escucho rock, aunque sea rockero. En los espacios programados por la Asociación Hermanos Saíz (AHS) es donde se puede encontrar diversidad de opciones y público, lo demás es farándula”.

La zona más bohemia en la capital provincial crece en las inmediaciones de la AHS, la Casa de la Trova o el patio de la sede de la filial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en Ciego de Ávila, al mostrar alternativas contra el género musical de turno, no obstante, el panorama continúa pobre y en el “ajiaco” se mezclan los alaridos de la moda más refinada con algunas prendas vintage, looks que van de lo miky a lo flemático, y desde la trova hasta el reguetón.

“Es común que los jóvenes migren por diferentes estilos para construir su propia imagen, al enfrentarse a una realidad tan diversa como la descrita. Hoy son mikys, mañana incursionan en el rock, y luego, quieren usar ‘drelos’... hasta que encuentran el lugar adónde creen pertenecer”, añadió Rodríguez Ceballos.

Sin embargo, las prácticas culturales que predominan aquí todavía están por dilucidar y se mueven en terreno de nadie.

FARÁNDULA MADE IN CIEGO DE AVILA

Las zonas Wi-Fi han convertido a los parques en centros de socialización significativos. Fuera de estos límites palidecen las propuestas diversas e inteligentes, incluso, aunque existieran, la precaria promoción atentaría contra sus nobles propósitos.

Solo para establecer generalidades, más allá de la confirmada diversidad, bastaría con visitar el parque José Martí en la ciudad cabecera y preguntar ¿qué tendencia o grupo predomina en Ciego de Ávila? La respuesta, al unísono, la farándula.

El término no es pura invención, etimológicamente, su significado se asocia al mundo artístico, a las personas dedicadas al ámbito del entretenimiento y las expresiones del espectáculo. En el argot de la calle, los faranduleros son los más mikys, están en lo “último”, se visten con lo “mejor”, tienen “balas” y no se pierden una fiesta.

“Aquí lo que hay es faranduleros frustrados porque el ambiente no es como en La Habana. Ellos solo especulan. Dicen que usan ropa Zara o Gucci, se pelan en el hotel Santiago-Habana, porque es más caro. Los hombres toman solo Ballantine o Chivas Regal, y las mujeres cerveza Sol”, comentó Daniel Alemán.

Antes el círculo era reducido, hoy aparecen ataviados en exceso en La Cima, Batanga o el Piña Colada, y ya comienzan a definir su propio “dialecto” con expresiones como normal vejo, normalmente normal, birra, o píldora cancerosa (se refieren al cigarro).

Estos comportamientos responden a procesos sociológicos más amplios, según Rodríguez Ceballos, “llegado el momento ciertos grupos pueden marcar horarios y territorios. En este caso, los autodenominados faranduleros, aparecían cada sábado pasadas las 11:00 de la noche en los centros nocturnos o sus inmediaciones. Hoy, pueden estar a las 5:00 de la tarde en el portal del Piña Colada o en los nuevos cafés, confluyendo, también, con otros públicos. No obstante, siempre serán las conductas consumistas y el poder adquisitivo lo que definirá a unos de otros”.

Más que evaluaciones positivas o negativas el “fenómeno de la farándula” se expande en nuestras calles sin aparente oposición. Aunque en Ciego de Ávila no existe, por ahora, un Mejunje a la santaclareña para apostar, a ultranza, por la diversidad, valdría la pena preguntarnos sobre los espacios de socialización a disposición de los jóvenes que, a la postre, definirán las opciones de consumo cultural, quiénes somos, y por dónde nos movemos.

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