InvasorEl origen del nombre de nuestro medio se remonta a la génesis de la nacionalidad de los cubanos. Cuba fue colonia de España a lo largo de cuatro siglos.

Durante la primera guerra por la independencia, ocurrida de 1868 a 1878, los criollos no pudieron extender la contienda a la parte occidental de la Isla.

El plan insurrecto en la segunda guerra por la emancipación —preparada esta por el más brillante intelectual cubano, José Martí— consistía en asestar golpes directos a la economía en el occidente.

Para cumplir la encomienda fueron señalados como jefes el general Antonio Maceo Grajales y el combatiente internacionalista dominicano Máximo Gómez Báez, el Generalísimo, como se le conocía cariñosamente.

Para tratar de impedir el paso de los mambises hacia el oeste, la metrópoli reforzaba una trocha Militar levantada de sur a norte en esta región de Ciego de Ávila, desde el puerto de Júcaro a la entonces villa de Morón, justo en el estrechamiento existente al centro-oriente de la geografía de Cuba.

Pasados unos meses del reinicio de las hostilidades el 24 de febrero de 1895, a finales de octubre Gómez adelanta la marcha y cruza el enclave militar español.

Fue la Trocha de Júcaro a Morón (poco más de 70 kilómetros) el más sólido bastión militar de su tiempo en América. Para los estrategas que empezaron a estructurarla desde los primeros años de la década de 1870 aquella línea superfortificada y custodiada era prácticamente infranqueable.

Maceo, con su probada tropa, salió el 22 de octubre desde Mangos de Baraguá, en Oriente, donde él había pronunciado la histórica Protesta ante la firma por parte de algunos jefes insurrectos del pacto sin independencia que puso fin a las hostilidades de la guerra anterior.

La inteligencia mambisa alrededor de la Trocha preparó las condiciones para que el contingente oriental pasara sin grandes contratiempos. Recoge la Historia que bajo una tenue neblina del amanecer del 29 de noviembre, 1 536 hombres irrumpieron casi por el centro de la barrera española, unos seis kilómetros al norte del poblado de Ciego de Ávila.

Los hombres de la patrulla de reconocimiento rompieron a machetazos una alambrada que interrumpía el paso y salvaron la zanja. La vanguardia se replegó a ambos lados de la vía férrea y los del centro ocuparon la línea para proteger al resto de la tropa.

Una parte de la columna ya se encontraba del otro lado cuando fueron detectados desde uno de los fuertes, y rompió el fuego.

Los patriotas emocionados respondieron con atronadores ¡Viva Cuba! ¡Viva Maceo! Y entonaron las notas del himno de Bayamo (Himno Nacional). En el cruce, que demoró unos 40 minutos, los mambises tuvieron solo un herido.

En la mañana del siguiente día (30 de noviembre de 1895), los potreros del sitio conocido como Lázaro López, al noroeste y cercano a Ciego de Ávila, sirvieron de escenario para la formación del Ejército Invasor, que extendería la guerra hasta el occidente de Cuba.

Ante más de 5 000 patriotas de Oriente, el Camagüey y Las Villas (al centro de Cuba), y montado en su caballo, el Generalísimo pronunció la histórica arenga: "Soldados: La guerra empieza ahora, la guerra dura y despiadada. El enemigo es fuerte y tenaz. El día que no haya combate será un día perdido o mal empleado.

"...!Soldados! Llegaremos hasta los últimos confines de Occidente, hasta donde haya tierra española: ¡Allí se dará el Ayacucho cubano...!"

Y aquellas palabras resultaron proféticas. Gómez y Maceo comenzaron a escribir desde aquel día una de las más relevantes hazañas militares de la citada centuria.

Fueron jornadas en las que brillaron el valor y la sabiduría militar. Con sus dos columnas integradas por unos pocos cubanos mal vestidos, semidescalzos, hambrientos y con machetes, como arma fundamental, doblegaron a un ejército regular compuesto por 200 000 soldados, quienes fueron dirigidos por 42 generales y contaban con todos los recursos disponibles.

Tras uno y otro ataques, marchas, contramarchas, el uso de la tea incendiaria contra las propiedades agrícolas y el apoyo de miles de compatriotas, Maceo y Gómez arribaron a La Habana, donde el Generalísimo aguardó para que el Titán, Maceo, completara la proeza de arribar a los confines de Occidente.

El general Antonio, según los historiadores, venció con sus hombres en unos 90 días el riesgoso y glorioso trayecto de 424 leguas, desde Mangos de Baraguá hasta Mantua.

A las 3:00 de la tarde, del histórico 22 de enero de 1896, la avanzada divisó el último baluarte español del lejano occidente y, una hora después, el repique de campanas de la iglesia anunció el término de la inigualable campaña.

Cuentan que el general victorioso entró en Mantua montado en su caballo, cinturón terciado, machete al cinto, armado de fusil y sombrero con el ala virada, y al centro una estrella. Saludaba al público que lo recibía jubiloso.

HAZAÑA REPETIDA
Instalado el Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro en la Sierra Maestra y tras vencer la gran ofensiva de las tropas de Batista, la Jefatura Revolucionaria decidió acometer la invasión hacia el occidente, similar a la realizada durante la gesta de Independencia de 1895 por los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo.

La contienda invasora sería dirigida esta vez por los comandantes Camilo Cienfuegos, al frente de la Columna Dos Antonio Maceo, con la misión de llegar hasta Pinar del Río, en el occidente de Cuba, y Ernesto Guevara, Che, capitaneando la Columna Ocho Ciro Redondo, que se establecería en la provincia de Las Villas, en el centro de Cuba.

El 31 de agosto de 1958 partió el Che con 140 hombres del Campamento de Las Mercedes, en la Sierra Maestra. De inicio pensó vencer el recorrido en vehículos en solo cuatro días, lo cual resultó imposible.

"Fidel me dio la misión más importante de mi vida: la invasión hasta Pinar del Río", expresó en cierta ocasión el comandante Camilo.

De El Salto, también en la Sierra Maestra, el 21 de agosto de 1958 comenzó su trayectoria el legendario Camilo, identificado después por sus hazañas como el Señor de la Vanguardia.

Agotadoras y peligrosas jornadas aguardaron a los jefes guerrilleros en sus trayectos por las sabanas de la antigua provincia de Camagüey (que incluye a la actual Ciego de Ávila).

A finales de septiembre llegaron ambas tropas a tierras avileñas. Las dos bordeaban la costa sur, de intransitables pantanos y plagadas de soldados del régimen del inconstitucional presidente Fulgencio Batista.

Camilo acampó el día 26 en el monte Los Marineros, del hoy municipio de Baraguá, al sureste de esta provincia. Tres días después arribó el Che casi por el mismo punto.

Frescos están todavía los testimonios de los comprovincianos que recuerdan las muchas anécdotas de la bravura, el derroche de estrategia militar y las formas de relacionarse Camilo y Che con los avileños.

En tierras de Ciego de Ávila Camilo torció el rumbo de su trayectoria y en cinco días de marcha cruzó lo que antaño fue la Trocha de Júcaro a Morón, por casualidad por un punto cercano al de donde lo hizo Antonio Maceo en noviembre de 1895.

Cuentan que en aquellos días lluviosos y de campesinos recogidos por la pobreza en sus bateyes (caseríos rurales), Camilo hizo galas de su fino humor, impartió clases a los niños en las pocas escuelas que encontró a su paso, en tanto su carácter jovial captaba simpatizantes que se incorporaban a la guerrilla.

La táctica de Camilo de cambiar el rumbo fraccionó a las fuerzas batistianas, mientras el Che continuaba su fatigoso avance por la costa sur hasta pasar sobre la línea de Ferrocarril de Júcaro a Morón a las 2:00 de la mañana del 7 de octubre.

Luego de abandonar el Campamento de Boquerón y franquear el crecido Río de Jatibonico del Norte, el Señor de la Vanguardia ingresó el día 6 al territorio de la antigua provincia de Las Villas. EL Che se despidió de las llanuras de Ciego de Ávila en la madrugada del 8, por un punto ubicado al suroeste del territorio y unas jornadas después ascendió al seguro macizo montañoso del Escambray.

Ambos jefes partían al asalto de la libertad de Cuba, de hazaña en hazaña, de victoria en victoria. El recio asedio sobre el poblado del norte de Las Villas le ganó a Camilo el epíteto de Héroe de Yaguajay. Ante el Che se fueron rindiendo, unos tras otros, los cuarteles villareños de Güinia de Miranda, Fomento, Placetas, Báez, Cabaiguán, Sancti Spíritus,... y derrochaba bravura y sagacidad en la casi tomada Ciudad de Santa Clara, cuando Batista huyó del país en la madrugada del primero de enero de 1959.

Un torrente de pueblo aclamó a los queridos líderes en su recorrido hasta La Habana, distante unos 200 kilómetros, por donde fueron rindiendo las principales fortalezas militares, y prepararon las condiciones para que Fidel Castro entrara en la capital del país el día 8 de enero de 1959.

• Imágenes de la Trocha Militar de Júcaro a Morón

 

 

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