Parque Martí 14Quizás para mí, el Parque Martí de Ciego de Ávila tenga una connotación diferente a la del resto de los pobladores de esta ciudad.

A ratos se me antoja una especie de portal de la casa, una parte de mi barrio. Eso tiene vivir en un edificio un tanto anacrónico en el centro del pueblo, justo enfrente del emblemático sitio.

Pero otras veces toma diferentes matices al nombrarlo y pasa a ser ese lugar de encuentros, de salidas los fines de semana, de trasnochar haciendo cuentos de tiempos pasados...

2pmmmmmY también, en ocasiones, es espacio para el trabajo en una cobertura periodística, cuando en alguna conmemoración un grupo de personas decide reunirse en torno a la imagen del Apóstol que se erige en el mismo centro, para rendir tributo o tenerlo bien cerca al pronunciar un discurso.

Miraba fotos antiguas de la provincia hace unos días y logré identificar al parque, precisamente, por esa estatua del más universal de los cubanos y decidí hacer unas líneas sobre su historia.

La idea surgió de los veteranos de las luchas por la independencia en la región. A partir de esa iniciativa el Alcalde del Ayuntamiento, José María Cabrera Echemendía, convocó allá por 1924 a una subasta para encontrar al escultor.

Según recoge la historiografía, el ganador fue el italiano residente en La Habana, José Pennino y Barbato, propietario de una tienda en esa urbe y que contrataba a obreros para la realización de las obras.

Desde Génova vinieron los mármoles para el proceso constructivo, que llegaron a Santiago de Cuba y luego siguieron camino hacia la capital de la nación y allí fue esculpido por Ettore Salvatori.

El 20 de mayo de 1925 fue develado el busto, en una ceremonia que contó con la participación del teniente del Ejército Libertador José Ramón Cabrera Pérez, quien conoció al Maestro en una de sus estancias en Estados Unidos; así como también Tulio Villuendas y Lorenzo Gonzalo de Toledo, figuras eminentes de la sociedad de la época.

Desde entonces Martí se ha convertido en un vigilante, en un observador de miles de avileños que pasan por ahí a diario, en esta Cuba que no conoció, pero que soñó alguna vez.

Las palmas se han convertido en eternas compañeras, cuando no hay muchachos merodeando en las noches. Mientras, su imagen está allí, en medio de Ciego de Ávila, inmortalizada desde hace más de nueve décadas.

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