La oratoria martianaPara el Apóstol de Cuba la oratoria fue algo esencial en su obra de comunicación con las masas.

Consideraba que el orador cumple una función primaria: informar. Toda su elocuencia estuvo sustentada en la urgencia de transmitir un contenido de alta significación social, política y humana.

• Sobre este aspecto de la obra martiana, recomendamos, además, los siguientes textos:

Los discursos de Martí, de Cintio Vitier y Siempre entre nosotros: Martí orador, de Leonardo Depestre Catony

Sin embargo, comprendió que la validez de un discurso no se alcanza nada más con el contenido, con la información transmitida; lo más difícil de lograr en la oratoria es su función de convencimiento y persuasión.

Al acercarnos a la vasta obra martiana salta a la vista un hecho del que no siempre nos percatamos: en vida nuestro Héroe Nacional casi siempre escribió libros de versos. Esto significa que su magisterio político, ideológico, cultural y militar está contenido, básicamente, en una sistemática labor periodística, en el verbo encendido en las tribunas y en su epistolario, así como en apuntes, fragmentos y notas no dirigidas a publicación. Resulta importante, entonces, conocer tanto el contenido del pensamiento martiano como las vías que éste utilizó para comunicar sus ideas, las formas y procedimientos escogidos para propagar su prédica independentista y antimperialista.

El Maestro amaba la tribuna de un modo ardiente, como una especie de apostolado, tenaz, humilde y amoroso. Pero el arte de la oratoria no era para él un fin en sí mismo. La palabrería empalagosa, los formalismos solo encubren la carencia de un contenido valioso que comunicar, en tal sentido escribió: “Orador sin instrucción es palmera sin aire. ¿De qué le sirven las hojas a la palma si benévolo alisio no las mueve? ¿De qué le sirve el cauce al río si no tiene agua que rodar por él? ¿De qué le sirve la fluidez al orador si no tiene nutrición en el intelecto que corresponda a las facilidades de los labios?” (1)

¿Cuáles son, en consecuencia, los rasgos que tipifican la oratoria del más grande de los cubanos?

Entre ellos podemos situar: la unidad entre el conocimiento, el sentimiento y la acción, lo que le otorga legitimidad a su palabra; la unidad entre lo dicho y lo hecho; el conocimiento y el dominio de los temas abordados; el pleno convencimiento de lo que se dice y la manera sincera de sentirlo; la consideración del auditorio y de la ocasión propicia para tratar uno y otro asunto; la captación de los sentimientos de aquellos que escuchan, entre otros. Unido a ello la originalidad y belleza de su estilo personal. Su talento comunicativo y su genialidad política estuvieron íntimamente vinculados. Así, nunca se permitió emitir juicios que no estuvieran en correspondencia con los objetivos superiores de la lucha a que la se consagró.

Al evaluar en este breve acercamiento la portentosa obra del fundador del Partido Revolucionario Cubano, del organizador de la guerra “justa y necesaria” reiniciada el 24 de febrero de 1895, no caben dudas de que a hombres como él les corresponde lo que el propio Apóstol definiera como sustancia imperecedera de los legítimos oradores, cuando apuntó: “El orador que al hablar convence, está en los rayos del sol; el manto que le cabe, en los pliegues volcánicos de las montañas. Los oradores deben ser como los faros: visibles a muy larga distancia.”(2)

El continuo perfeccionamiento de la labor política e ideológica que imponen los tiempos que vivimos, está muy relacionado con la interiorización de las lecciones de José Martí. La firmeza y nitidez de las ideas, y la forma inteligente y oportuna de expresarlas constituyen parte del permanente legado de un artífice de la comunicación social, cuyo alumno más aventajado fue, sin duda, el hombre que le calificó, en el Año de su Centenario, como autor intelectual del Moncada.

Citas
(1) José Martí: “Notas sobre la oratoria”, en Obras Completas, T. 22, p. 21.
(2) Idem.

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