Las huestes invencibles de Pedro Mirabal. Mercenarios de GirónEra el primer alcalde que veía personalmente. El encuentro con otro, Plutarco Tuero, interpretado por el destacado actor, Enrique Santiesteban, solo resultaba posible gracias al programa humorístico San Nicolás del Peladero, entonces un espacio muy popular que escribía para la televisión el narrador Carballido Rey.

El rostro de los invasores revela el resultado de una invasión que fue derrotada en menos de 72 horas

Llegaba los domingos, siempre acompañado de su esposa Palmira, a la casa de mis abuelos maternos. Le gustaba ir al patio oloroso a cedros, chirimoyas y anones. También admiraba los conejos que se reproducían como salidos del sombrero de un mago.

Palmira, hermana de mi abuelo José Cheo, lo cuidaba cual niño travieso. Delgado, erguido. Con elegancia llevaba a cuesta sus ocho décadas. Vivía en Maidique, el reparto que tomó el apellido de un político liberal famoso durante el machadato.

Pedro Mirabal volvía nostálgico al Quince y Medio, donde había sido alcalde antes de 1959. Aún lo recordaban con su sombrero tejano, revólver al cinto, muy activo en la política del pequeño poblado de casas de madera y techos de teja, crecido al lado del central Stewart a principios del siglo XX.

El Quince y Medio fue la capital del barrio José Miguel Gómez. Allí predominaron los liberales, partido del cual Pedro Mirabal constituyó un puntal en la localidad, perteneciente al término municipal de Ciego de Ávila.

Su antigua militancia la llevó hasta el final de la vida, aunque ya hacía tiempo que en Cuba solo existía un solo partido y no precisamente era el liberal.

Un día, al marcharse, tendría yo 11 años, registré la anécdota que ahora relato. El 16 de abril de 1961, Pedro fue detenido, al igual que otros sospechosos en todo el país, como medida de seguridad. Aunque no estaba conspirando contra el nuevo sistema político, se trataba de una acción preventiva ante la inminencia de una agresión armada, que ocurrió en Playa Girón.

Por aquellos días, la propaganda contrarrevolucionaria que emitía Radio Swan, planta ubicada frente a las costas de Honduras, alcanzó niveles de tergiversación desmesurados. Pedro era asiduo oyente de la emisora.

Vecinos y familiares de Pedro, también acostumbrados a escuchar la señal radial destinada a manipular la opinión pública, conocían de su detención provisional. Por eso quedaron sorprendidos cuando escucharon una voz chillona que vociferaba el día 17 este parte de guerra: “Las huestes invencibles de Pedro Mirabal han tomado el poblado del Quince y Medio y avanzan indetenibles hacia Ciego de Ávila.”

A Pedro lo liberaron apenas unos días después del derrocamiento de los mercenarios. La normalidad se apoderó de su apacible vida mientras no le mencionaran a Radio Swan.

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