Confianza en Fidel1• En ocasión del aniversario 60 de los primeros sabotajes de gran envergadura en las tierras avileñas contra la tiranía batistiana

Primera plana del periódico El Pueblo, de la ciudad de Ciego de Ávila, en su edición del 9 de marzo de 1957

Potentes explosiones estremecieron las ciudades de Ciego de Ávila y Morón la noche del viernes 8 de marzo de 1957. Imposible resultó a las fuerzas policiales y de la Guardia Rural ocultarlas. El pueblo, con su sabiduría, dada las circunstancias en que ocurrieron, percibió que en ellas estaba la mano de revolucionarios.

Fueron cinco los artefactos explosivos detonados, tres de ellos en la ciudad cabecera. Constituyeron los primeros sabotajes de gran envergadura realizados por combatientes del clandestino Movimiento Revolucionario 26 de Julio (M-26-7) fundado por el joven Fidel Castro, el líder del Moncada, del exilio, del Granma y que, desde hacía apenas tres meses y unos días, luchaba en la Sierra Maestra al frente de un pequeño grupo de hombres.

La tiranía de Fulgencio Batista, implantada en Cuba con el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, intentaba, mediante una campaña publicitaria, aplicando la teoría reaccionaria de que una mentira repetida puede más que una verdad, sembrar en el pueblo la desconfianza acerca de si Fidel permanecía con vida.

Pero desde la primera semana de febrero se conocía, a través de los combatientes del Movimiento, que Fidel estaba vivo y en pie de guerra. La noticia se supo directamente de Faustino Pérez, capitán del Ejército Rebelde, expedicionario del Granma e integrante de la dirección nacional del M-26-7, quien, en una reunión clandestina en la capital del país, lo informó a los máximos jefes de esa organización en varios territorios, entre ellos los de los municipios Ciego de Ávila y Morón.

Poco tiempo después el Movimiento impartió un curso sobre el uso de explosivos para realizar sabotajes contra la tiranía. Por la tierra de los Gómez Cardoso participó Everildo Vigistaín Morales, El Negro, jefe de acción y sabotaje de esa organización en Ciego de Ávila, quien, además de traer de La Habana—con gran riesgo para su vida— cinco obuses de mortero y materiales explosivos que fueron compartidos con el Movimiento de Morón, enseñó lo aprendido a un combatiente de aquella localidad.

Como resultado de los sabotajes la ciudad de Ciego de Ávila quedó sin agua, al volarse la conductora maestra de 20 pulgadas; sin servicio de telégrafo, al destruirse el registro central del mismo y, parcialmente, sin fluido eléctrico, tras eliminarse el transformador existente a la salida de la entonces planta eléctrica, en calle Maceo. En Morón se causó gran expectativa, pues una bomba fue detonada en el estadio de béisbol, que estaba vacío, y la otra, en un costado—la parte de carga de mercancías— de la estación ferroviaria, donde resultó muerto un chivato que trató de desactivar el artefacto explosivo y herido grave un cabo del ejército que lo acompañaba.

Así, hermanados en las acciones, los combatientes del Movimiento de la Ciudad de los Portales y de la Ciudad de El Gallo demostraron a la tiranía la confianza que tenían en su máximo líder Fidel y en la lucha por él encabezada.

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