MellaDos balas quiebran la oscuridad y el silencio de la noche. Dos balas derrumban al joven de 25 años. Dos asesinos huyen. El cuerpo, forjado por la práctica deportiva, resiste más de una hora. Tina, su mujer italiana, su camarada comunista, grita, entre la angustia y el desespero.

La calle Abraham González, en la capital mexicana, es el escenario del crimen. Pasada la medianoche, mientras los médicos intentan restañar las heridas, muere Julio Antonio Mella, (...) llama siempre encendida y relampagueante. Hombre arrebatado por un torbellino de pensamientos brillantes que no los guardaba para sí, sino que los distendía al público.

Gerardo Machado, el tirano cubano, ante el temor de la expedición armada que organizaba en la nación azteca para derrocarlo, ordenó la ejecución. Fue su opositor encarnizado desde la tribuna, la prensa, las organizaciones políticas. Le temía. Era insobornable.

Cultivaba un género de oratoria clara, precisa, elocuente y razonadora. Había suprimido por disciplina toda frase lírica que menguase el concepto y anulase su fuerza. Hablaba convencido, sin desgajar una sola idea que no estuviese respaldada por su honradez. Quería que a todas horas se le explicase al pueblo la suprema verdad.

Dos balas cercenaron la vida del fundador de la Federación de Estudiantes, del Partido Comunista de Cuba, de la Liga Antiimperialista, de la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos, del internacionalista miembro del Partido Comunista Mexicano y del Partido Revolucionario Venezolano.

Dos balas, el 10 de enero de 1929, todavía hieren.

Citas en cursivas de Tristán Marof, escritor boliviano, compañero de Mella en el exilio.

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