Domingo, 15 de julio de 2018 3:47 PM

Cruce de la Trocha por Francisco Pancho Jiménez

Aniversario del inicio de la Guerra de Independencia Extender la guerra al Occidente de Cuba siempre estuvo presente en el pensamiento militar del Generalísimo Máximo Gómez, quien conocía la importancia de coartar las bases económicas que sustentaban al gobierno español localizadas, precisamente, al oeste de la Trocha.

Tampoco el capitán general de la Isla, Blas de Villate, Conde de Balmaceda, desconocía la importancia de resguardar de la insurrección a las zonas más ricas del país, donde el azúcar y el tabaco, entre otros productos, desempeñaban  un papel relevante.

Por eso ideó la construcción de la Trocha de Júcaro a Morón, una línea militar cuyos batallones, en su criterio, “(...) tienen en sus manos la conservación de la paz de las dos terceras partes de la Isla más ricas, más fecundas y menos destruidas”, decía.

Después de la caída de Agramonte, Máximo Gómez asumió el mando del Tercer Cuerpo de Ejército y del Departamento Occidental, el 19 de julio de 1873, y en ese momento comenzó a gestarse el plan de invasión a Las Villas. Recorrió las bases de operaciones, inspeccionó las prefecturas y los talleres para la producción de municiones y estableció contactos con los patriotas encargados de las confidencias.

Para reestructurar la División de Las Villas, que sería la vanguardia invasora, Gómez solicitó que las fuerzas  villareñas que combatían en Oriente, a las órdenes del Mayor General Carlos Roloff, se presentaran en Camagüey.

Después de las exitosas tomas de Nuevitas y Santa Cruz del Sur, el Generalísimo consideró que estaban creadas las condiciones para enfrentar la invasión.

Puso a consideración del gobierno un plan que era necesario ejecutar lo más rápido posible para aprovechar la temporada de la seca, a fines de 1873 y principios de 1874 e intensificó la exploración y las operaciones en las cercanías de la Trocha de Júcaro a Morón. El 23 de noviembre de 1873 concentró a la División de Las Villas y, al día siguiente, ordenó marchar a una guerrilla de 30 hombres, bien armados, para que operara sobre la línea militar.

El 16 de diciembre Gómez recibió un correo del gobierno donde se le comunicaba que su plan de invasión había sido aprobado; comenzó de inmediato a crear las condiciones necesarias para recibir al contingente oriental y formar el ejército invasor.

Seleccionó la finca Antón de Guanasí como punto de concentración de las unidades cuyos efectivos conformarían el contingente invasor. Entre el 10 y el 14 de marzo se organizaron y revistaron las tropas, y se entregaron las armas y municiones.

Al amanecer del 15 de marzo de 1874 las tropas partieron rumbo oeste, pero Gómez, imposibilitado de eludir el combate, sostuvo la histórica batalla de Las Guásimas, cuyo resultado provocó el retraso de la invasión.

A pesar de la contingencia, continuó firme en su propósito, y el 31 de marzo envió al Comandante avileño José Gómez Cardoso al frente de algunas fuerzas, a operar en las cercanías de la Trocha; y el 2 de abril ordenó a Francisco Jiménez, a la sazón teniente coronel, que pasara a Sancti Spíritus con 50 rifleros, quien debía, además de organizar a las partidas allí existentes, impulsar las operaciones para obligar a la jefatura militar española a mover sus efectivos y quedar desinformada de la misión principal de los cubanos.

El 19 de abril de 1874, Jiménez cruzó la Trocha muy cerca de un puesto de voluntarios, y enseguida hizo sentir su presencia al crear condiciones favorables para el desarrollo de la revolución. Tras él y su fuerza se lanzaron las tropas, pues era vital impedir que ese movimiento creciera y provocara daños a los poblados y fincas sin defensa.

Acerca de la audaz acción, el coronel Francisco Acosta y Albear en su obra Compendio histórico del pasado y presente de Cuba y su guerra insurreccional, el 11 de marzo de 1875 con algunas apreciaciones relativas a su porvenir, expresaba:

“En la noche del 19 al 20 de abril de 1874 pasó la Trocha del Júcaro el cabecilla Jiménez con 60 hombres que atravesaron la línea permanente a la una de la madrugada, casi a la vista de un puesto de voluntarios que no trató de detenerlos ni participó el suceso hasta que dio parte la línea de observación de haber notado el rastro de dicha fuerza. Esta partida inmediatamente perseguida, perdió al día siguiente 7 hombres en combate con un oficial y 40 individuos de la 7ma. guerrilla y en el mismo día salieron en su persecución 5 guerrillas y varias columnas de 200 hombres de los batallones de la línea, al mando estas fuerzas del coronel D. Hilario Sandoval y Brias que murió de bala el día 26 de abril en una lucha sin importancia.

También el historiador Antonio Pirala, en su obra Anales de la Guerra de Cuba, emitió su criterio acerca del suceso:

“(...) si Jiménez pudo pasar con cien hombres y pudo hacerse sentir de manera amenazadora, ¿cuánto no hubiera podido hacer Gómez con los dos mil hombres y más de cien cartuchos? La Trocha no es una muralla que hay que tomar por asalto y a costa de gran sacrificio. Es simplemente un paseo por el sur de ella en que se puede sufrir dos o tres días de hambre y quizás un encuentro insignificante con algún guerrillero explorador: se deben consignar estos hechos, porque ellos serán más tarde la clave que ha de servir para hacer un juicio exacto de los hombres de esta revolución.”

El cruce de la “flamante” Trocha dio la razón al Conde de Balmaceda quien afirmó: “Una línea militar no estando apoyada por un río caudaloso, de pocos y difíciles pasos, no puede ser eficaz y mucho menos en una zona tan llana como es la que corre de norte a sur de aquella isla.”


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