Lunes, 24 de septiembre de 2018 12:14 AM

Con Pablo Neruda en París

Aquel domingo, 18 de abril de 1960, la tarde fue muy fría en la capital francesa, según el testimonio del escritor y periodista Manuel Díaz Martínez. Pero ello no impidió que un grupo de cubanos saliera a las calles, rumbo a la residencia del poeta Roberto Fernández Retamar, Consejero Cultural de la embajada cubana.

La ansiedad era evidente en cada movimiento, y hasta en la aparente quietud de algunos. Es que no todos los días se tiene la posibilidad de conversar, en la intimidad, con un poeta de talla universal como Pablo Neruda.

Al fin arribó el autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, acompañado de su esposa Matilde Urrutia, Mariano Picón Salas, considerado el mayor ensayista de Venezuela en el siglo XX, y otros hijos de la patria de Bolívar.

El eminente compositor musical y pedagogo Harold Gramatges, entonces embajador de Cuba en Francia, coordinó el encuentro, solicitado por Neruda para leer poemas de su último libro, aún inédito, e intercambiar impresiones con intelectuales revolucionarios de la Isla.

En ese tiempo, las autoridades galas lo presionaban para que se marchara lo antes posible del país, donde ya, anteriormente, le había sido negada la entrada. Las ideas comunistas de Neruda provocaban la repulsa en los círculos más conservadores.

Hoy, órgano del Partido Socialista Popular, el 18 de junio del año mencionado, publicó pormenores del suceso en una crónica de Manuel Díaz Martínez.

Las sillas no alcanzaron para los anfitriones. Trataron de acomodarse como pudieron. En silencio absoluto, comenzó a escucharse la voz del chileno:

“Este no es un libro para gustos exquisitos; este no es un libro, sino un arma, un arma que pongo al servicio de nuestros pueblos, del hombre americano. Yo iba a dedicarlo por completo al caso de Puerto Rico, que es una verdadera vergüenza para nuestro continente; pero el triunfo de Fidel Castro y del pueblo cubano, el triunfo de la Revolución, hicieron que variara mis planes y casi todo el libro está dedicado a esta maravillosa gesta libertaria. Cantar de Gesta, se titula, y lo he finalizado tres días antes de desembarcar en El Havre. En él pongo mi poesía, que es el arma que poseo, al servicio del hombre de mi tiempo. No me ha importado si en los poemas que integran este libro hay más o menos rosas; solo he querido que este libro sea un instrumento de combate, el que me está concedido hacer (…).”

Era la primera vez que Neruda leía en público los poemas de ese libro, y tuvo la deferencia de hacerlo para los cubanos. La Imprenta Nacional de Cuba editaría el texto antes de finalizar 1960.

Volvamos a la tarde del 18 de abril. Matilde tomó en sus manos el manuscrito, y continuó la develación. Como colofón del recital, versos dedicados a la epopeya de la Sierra Maestra, en la voz del bardo:

"Yo celebro las bruscas enramadas,
el dormitorio duro de las piedras,
la noche de rumores indecisos
con la palpitación de las estrellas,
el silencio desnudo de los montes,
el enigma de un pueblo sin banderas:
hasta que todo comenzó a latir
y todo se encendió como una hoguera. (…)
Abrid los ojos, pueblos ofendidos,
en todas partes hay Sierra Maestra."

Después, informó sobre su viaje inmediato a la Unión Soviética. Allá iba en calidad de jurado del Premio Lenin. También habló de que, al retornar a Chile, haría escala en La Habana. Sin embargo, la visita no pudo realizarse hasta el 5 de diciembre. Un cintillo del periódico Hoy le daría cordial bienvenida:

"¡Feliz estancia en la Cuba revolucionaria, Territorio Libre de la América que tú has cantado!"


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