Martes, 25 de septiembre de 2018 9:25 PM

Céspedes y O’Kelly

Corresponsal del periódico New York Herald, James O’Kelly cumplió la esencia de su misión en Cuba: entrevistar a Carlos Manuel de Céspedes.

libro La tierra del mambí Vestido con camisa de franela y calzando pesadas botas, portando dos revólveres y un cinto en el que ocultaba abundante cantidad de monedas de oro llegó James O’Kelly (1845-1916) a Cuba Libre a mediado del mes de febrero de 1873.

Después de fatigosas marchas había arribado, al fin, a un campamento mambí. De allí se trasladó a Tempú, cuartel del Coronel Matías Vega. Luego prosiguió hacia Dos Bocas donde se hallaba el General Calixto García y su tropa. En compañía de este presenció el ataque al poblado de Jiguaní. Y, más tarde, cumplió la esencia de su misión: entrevistar a Carlos Manuel de Céspedes.

O’Kelly era corresponsal del periódico New York Herald. Natural de Irlanda, entre 1868 y 1871 había sido Secretario del Consejo Supremo de la Hermandad Republicana Irlandesa (IRB) y fue el agente principal de adquisición de armas de la IRB en Gran Bretaña, pues, también, era un independentista, en su caso contra la dominación inglesa.

Su encuentro con Céspedes estuvo alejado de todo protocolo:
“Al entrar en él (bohío) un hombre de buen talante, algo robusto de cuerpo y estatura mediana, se levantó para recibirme. Uno de los oficiales dijo:

“El señor es el Presidente.”

Al mismo tiempo éste, adelantándose con la mano extendida, dijo muy correctamente en inglés:
“Tengo mucho gusto en verlo a usted.” (1)

A la pluma de O’Kelly debemos uno de los mejores retratos que de Céspedes se haya realizado:

“Aunque el presidente (…) es un hombre de corta estatura, posee una constitución de hierro. Nervioso por temperamento, permanece siempre en una posición recta. Los rasgos de su fisonomía son pequeños, aunque regulares. De frente alta y bien formada y ojos entre grises y pardos, aunque brillantes y llenos de penetración, reflejados por el tiempo y los cuidados. Además, oculta su boca y la parte inferior de su cara un bigote y barba color gris con unos cuantos pelos negros entremezclados; muestra al sonreírse sus dientes extraordinariamente blancos, y con excepción muy bien conservados. (2)

Durante los días que estuvo al lado del presidente del gobierno insurrecto llegaron a un acuerdo que traería beneficios mutuos para las causas independentistas de Irlanda y Cuba. Al respecto el Padre de la Patria escribió en una carta a su esposa Ana de Quesada:

“O’Kelly se presta a servir los intereses de Cuba. He formado una combinación para explotar el elemento irlandés. Si ayuda para alcanzar y se alcanza el reconocimiento de nuestra beligerancia por los Estados Unidos la República de Cuba le dará 20 000 rifles y un vapor, cuando esté definitivamente establecida y reconocida por las naciones como tal. Ese individuo se compromete, de acuerdo con nuestro agente a ganar los demás elementos de los Estados Unidos, incluso el presidente.

“Si lo consigue será acreedor a una recompensa. En garantía se hará un depósito de bonos cubanos. Si se cree, de buena fe, que esto dará resultado, se le autorizará provisionalmente y se me dará aviso para hacerlo en forma; pero en caso contrario, se me darán todas las razones que me convenzan de la ineficacia de la medida. Los convenios pueden hacerse sobre toda clase de valores, pero no excederán de 30 000 000 calculados en la especie depositable, según arriba se expresa.

“Todo esto necesita de mucho tacto y experiencia, sobre todo una probidad a toda prueba. Por tu conducto será puesto en contacto con agentes confidenciales de la República, si ya estuvieren en ejercicio; pero de ninguna manera con los cesantes. Cuando veas al individuo, le darás para entendernos, esta clave MURVIEDRO.” (3)

A pesar de que O’Kelly realizó una formidable campaña mediática a favor de la causa cubana, el reconocimiento de la beligerancia por parte del gobierno estadounidense era un asunto muy complejo en el que, ni el elemento irlandés, de peso en la política, pero no determinante dentro de las esferas del poder norteamericano, ni la opinión pública, podían decidir.

El 24 de marzo de 1873, O’Kelly se despidió de Céspedes y marchó a Manzanillo. Después de ser encarcelado por los españolas, pudo escapar del pelotón de fusilamiento gracias a la presión internacional sobre el gobierno colonialista. Una vez liberado continuó colaborando con la causa insurrecta hasta en la guerra del ’95. Su libro La tierra del mambí es considerado un clásico de la literatura de campaña.

Citas

(1) James O’ Kelly: La tierra del mambí, pág. 229

(2) Idem.

(3) Carlos Manuel de Céspedes: Escritos, t. 3, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, p.185

 


Comentarios  

# Martha 19-03-2018 12:50
Excelente libro. Debían incluirlo en las escuelas como material de estudio. Gracias x el articulo!!
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