Domingo, 15 de julio de 2018 3:48 PM

Escrito desde el banquillo: una historia de amor

Una nueva mirada sobre la historia de los Cinco Héroes cubanos llega ahora, en forma de diario. La cuenta René.

Para que René González Sehweret le devolviera la vida a Iselín Jiménez Montero, su hermano muerto en Angola, tuvo que robarse un avión mal parqueado y, en vez de enderezarle las “alas”, levantárselas primero y luego pegarlas al agua tanto como pudo, siempre hacia el Norte, hasta aterrizar en Cayo Hueso, en una cama boca arriba; llorando mientras miraba una foto.

Tuvo que despedirse de las mujeres de esa foto durante muchos días creyendo que ese sería el definitivo, que ese día sí podría robarse un avión de la pista y abandonarlas. Y tuvo que “alegrarse” cuando fallaban sus intentos con un “por lo menos las veo otra vez”.

Pero antes de todo eso, tuvo que amar su Isla de un modo visceral, casi incomprensible para una mayoría de comunes que, quizás, no tendrían co…raje para agenciarse los grados de anticastrista, mafioso… o cualquier otra “distinción” equivalente e idónea para engañar a todos allá, y a casi todos aquí.

Y tuvo que tener, al mismo tiempo, la osadía de sentarse con terroristas que podían arrancársela en cualquier esquina ante la menor imprudencia y de vivir en Miami, donde nunca iban a necesitar pruebas para condenarlo, si lo descubrían. O sea, tuvo que ser un agente de la Seguridad Cubana y tener la convicción absoluta y sempiterna de que todo ello valía la pena… y valía su vida, porque no estaba arriesgando menos.

Quizás por ese riesgo y ese amor podría comenzar a entenderse el capítulo de la historia que llevó a René González a llamarse Iselín y a escribir a su esposa “la carta más larga que he escrito o escribiré en mi vida”. Así comienza el 21 de noviembre del 2000 y tras quince meses de notas escritas con mochos de lápiz concluye la misiva el 18 de marzo del 2002: “(…) los cubanos seguiremos construyendo el nuestro: un monumento a la dignidad, a la vida, a la solidaridad, a la soberanía y al futuro. Nuestro juicio ha terminado y es una modesta piedra en la erección de ese monumento. Y este diario, fruto de mi amor, mi agotamiento y mi desvelo, queda como un soplo de sus verdades y como el cumplimiento ineludible de una promesa sagrada; tributo a todo el querer que me mereces. Mil besos y todo mi amor.”

Pero esa carta, que empezó siendo las notas —que René tomara mientras el proceso judicial contra los Cinco tenía lugar y la promesa de contarle a Olga lo vivido (y la necesidad de dejar testimonio de detalles nunca revelados) lo obligara a escribir— terminó siendo su diario; tres tomos que suman más de 1 000 páginas, editadas en 2016 y sacadas este 2018 en la Feria del libro. Se titulan Escrito desde el banquillo. El diario de René, y el pasado domingo, casi al mediodía, minutos antes de que cada quiosco desmontara su stand despidiéndose del evento literario, él llegaba a Ciego de Ávila para decirnos que no necesitó ningún rebuscamiento de la lengua para convertir su libro en una historia bella, porque la historia es bella en sí misma; que, por ende, no necesitó ser un buen escritor ni le hizo falta la apología, que solo con contarla bien es suficiente…

René firmando el libro Y he ojeado las más de 1 000 páginas descubriendo un montón de líneas que podrían desmentir al piloto que no se cree escritor y describe, sin embargo, hechos de altura. Aquí, un solo ejemplo, página 34, tomo III: “Mi veredicto ha tomado un minuto y yo he decidido no tomar notas, moviéndome solo para mirar el reloj a mis espaldas y apuntar el tiempo exacto de cada veredicto. A estas horas la repulsión se ha sumado a la tensión inicial, y ni mi humor ni mi pulso están como para escribir algunos detalles mientras me pierdo otros. Así que observo a Lisa reclinado hacia atrás, con los codos apoyados sobre el borde de la mesa y los dedos entrelazados bajo el mentón, sin dar a la claque el beneficio del más mínimo gesto. Ya me servirán la memoria y la transcripción para recrear los detalles, pues al fin y al cabo esto no es algo que se olvide fácilmente.”

Por eso creo que la única diferencia que, tal vez, sí guarde René González con algún escritor renombrado o auto reconocido, sea el de haber publicado este libro sin esperar una reacción de sus lectores. Al menos no, desde el lugar que “inspiró” su diario, donde decidió “no ser un resentido porque te conviertes en una caricatura, y seguir siendo feliz” con esa capacidad que, fundamentalmente, está dentro de él. De allí no espera reacciones, que tengan la capacidad o la intención de reconocer o rectificar algo. “A los cinco que se deslindaron de la historia, los ignoro. ¿Los fiscales? me dan lo mismo, ¿la jueza?, también…

Óigame, pararse frente a un juez a leer tu alegato y que cuando escuches al que traducía veas al juez bajar la cabeza… Eso te llena de satisfacción. Lo mismo con la jueza, cada vez que la miraba fijo ella tenía que mirar pa` abajo… volvía a mirarla y volvía a bajar la cabeza. Al final me metió todos los años que pudo, pero no pudo mirarme a los ojos”.

Cuando René termina de decir algo así la gente aplaude en estampida y uno lamenta no tener frente el alegato para imaginarse aquellos rostros mientras René les decía: “Yo no puedo juzgarlos y cada cual sabrá qué hacer con su dignidad. Yo también sé qué hacer con la mía, y quisiera creer que usted entenderá el que yo no tenga razones para el arrepentimiento.”

Esa creencia profunda lo llevó a catalogar su libro como la historia de una certeza, porque “sabíamos que íbamos a derrotar a los fiscales, fuera el veredicto que fuera, que poco a poco los convertiríamos de acusadores en acusados”. No obstante, la reminiscencia al Moncada de Fidel, aparece mucho antes de aquel 27 de noviembre del 2000, primer día del juicio. Él lo evoca desde el primer encuentro que tuvieron los Cinco, dos días después de que fueran capturados, “el 14 de septiembre de 1998 ya nosotros habíamos dicho que esto sería otro Moncada. No podía ser de otro modo.”

Y explica que tampoco podía ser de otro modo la historia que cuenta Escrito desde el banquillo, tres partes de un relato donde afloran las omisiones que no están recogidas en ningún archivo; los dramas humanos que casi siempre son reducidos a mociones y tecnicismos, el tino de quien asume “con sospechas el estilo panfletario de blanco reblanco y negro renegro, matices excluidos”… Es el libro que un hombre empezara hace casi 18 años, cuando decidió que la injusticia podría “traducirse” de otra manera y terminó escribiendo el diario más bello de los que nunca debieran escribirse.


Comentarios  

# barbaro martinez 08-04-2018 14:42
katia muchas gracias por decirme que RENE estaria en el museo,tantas personas que lo sabian y me vieron a diario en diferentes areas de la feria y se lo callaron
al final la pregunta donde el cuenta la parte mas HUMANA se lo hizo un cubano de a pie.que es presisamente con lo que comienzas el articulo.
los 5 son saliron del pueblo y al pueblo pertenecen.

brmh
lo mas importante para mi su sencilles y modestia
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