Martes, 23 de enero de 2018 2:42 PM

El marcapasos

sin techo

“¡Qué El Marcapasos no se pare!”, me piden mis lectores, aunque a veces padezca el crónico agotamiento que implica construir semanalmente estos pequeños edificios de afectos, llamados crónicas periodísticas, donde una imagen viene a ser como la cubierta de las palabras para que estas no se resfríen, o viceversa; y cuando la fabricación parece detenerse por falta de materiales comprados en las canteras del espíritu, siempre aparece un alma bienhechora que me tira “un salve”.

De manera que, mientras techamos otra vez nuestras casas y nuestras esperanzas, en este comienzo de un nuevo año, lo único que podemos dejar sin techo son los sueños para que puedan volar alto, si los cubanos nunca nos damos por vencidos y la alegría nuestra no tiene fecha de caducidad.

Así que no hay mejor latido para despedir este 2017 que un texto regalado por uno de los “adictos” a esta sección, difundido anónimamente por Facebook, pero que, bajo el título de La diferencia entre un amigo y un amigo cubano resulta una radiografía exacta de cómo somos:

“Un amigo es alguien que nunca te pide comida. Un amigo cubano es la razón por la cual organizas una comida. Un amigo te pregunta cómo estás. Un amigo cubano te dice: “¡Te ves bien!”, te besa y te abraza, aunque tenga catarro.

“Un amigo cualquiera llama a tus padres de “señor y señora”, pero un amigo cubano les dice “mi viejo y mi vieja”. Un amigo te manda flores con una tarjeta cuando estás ingresado en el hospital, un cubano se queda a cuidarte y, cuando apagan la luz, se acuesta a tu lado. Un amigo te pide algo prestado y te lo devuelve a los dos días, uno de nosotros, a la semana, nos olvidamos de la expresión aquella de ¡Soruyo, suelta lo que no es tuyo!

“Cualquiera te ofrece el sofá de su casa para que duermas. Un amigo cubano te brinda su cama, se acuesta en el suelo y no te deja dormir, en toda la puñetera noche, haciéndote cuentos. Un amigo sabe unas cuantas cosas sobre ti; mas, un amigo cubano podría montar una multimedia con lo que le has contado, incluido audio y video. Un amigo te brinda una medicina si estás acatarrado, pero uno de los nuestros te hace una sopa de pollo y los mejunjes con cuanta hierba haya como le enseñó su abuela, y hasta puede que, con la cuchara, te haga “el avioncito” para que te la tomes.

“Un amigo te toca a la puerta discretamente y espera. Si es un cubano abre la puerta, entra hasta la cocina y, después, te dice: “¿Jelou? ¡Ya llegué!”. Alguien de cualquier otro país, con mucha pena, pide que le hagas un café. Si es cubano se para frente al fogón, monta la cafetera y si no hay azúcar para endulzarlo se asoma por encima de la cerca y le pide a cualquier vecina.

“Un amigo normal que lea esto puede ser que lo recorte y hasta lo guarde dentro de un libro. Un amigo cubano llama a la gente por teléfono para leérselo y presta el periódico por todo el barrio porque se siente orgulloso de cómo somos. Un amigo cualquiera puede serlo por un tiempo, pero un amigo cubano, uno de verdad, de esos que no son de cartón, ¡se convierte en un hermano para toda la vida!”