Sin títuloCruzada la Trocha, el 6 de enero de 1875, Máximo Gómez necesitaba informar a Salvador Cisneros Betancourt, presidente del Gobierno de la República en Armas, pormenores del hecho y las acciones que ejecutaría de inmediato.

Encargó al avileño José Ambrosio Gómez Cardoso, quien había sido el guía principal cuando burló la vigilancia del sistema de fortificaciones, la misión de llevar los documentos. Con apenas 10 hombres logró pasar al Camagüey. En su libro La Revolución de Yara, 1868-1878, el coronel e historiador Fernando Figueredo rememoró el suceso:

“El teniente coronel José Gómez, astuto Jefe de las Villas, notable por sus conocimientos en el territorio espirituano, fue el comisionado para llevar al presidente Cisneros tan buenas nuevas (...), en pocos días se puso en Najasa, Camagüey, donde había llegado el Gobierno (...).”

Las máximas autoridades mambisas se reunieron para analizar cómo satisfacer las demandas de Gómez. Esto ocurrió en la segunda quincena del mes de febrero de 1875.

Gómez Cardoso permaneció en el campamento del Gobierno, adonde concurrieron notables dirigentes militares, entre ellos los generales Luis Figueredo, Manuel Calvar y Vicente García.

A mediados de marzo, se reunió con Calvar, Jefe del Departamento de Oriente: “Diga usted al compañero que yo quedo encargado de enviarle el refuerzo; que marcho al efecto a Oriente, y que descanse en mi buena fe en el asunto y en el afecto que a él y a la causa de Cuba profeso."

Sin embargo, el regionalismo y el caudillismo impidieron que se cumpliera la promesa, no obstante, el Generalísimo insistió en la solicitud.

DE NUEVO EN COMISIÓN

En 1877, volvió a enviar al oficial avileño. Es conocido que el Mayor General Vicente García, el controvertido tunero a quien los españoles llamaban León de Santa Rita porque era imposible expulsarlo de su comarca, no ejecutó las órdenes de Máximo Gómez ni tampoco las del Gobierno de la República en Armas de incorporarse con un contingente a las fuerzas invasoras. Alegó varios pretextos.

A su campamento, ubicado en Los Ángeles, llegó José Gómez Cardoso. En su diario, García escribió, el 11 de abril de 1877:

“(...) habló conmigo sobre mi marcha a Las Villas. Y penetrado de los pocos recursos que llevaba me manifestó francamente que, por las noticias que tenía de la situación deplorable de aquel Departamento, a causa de las fuertes y activas operaciones del enemigo, era de parecer que no pasara yo la Trocha con tan pocos elementos y mucho menos con gente montada sin infantería, pues sabía que Las Villas hoy no podían mantener caballerías y que las de allí estaban ya concluyéndose; que creía que recibiera un daño la Patria más bien que beneficios pasando yo con tan pocos recursos porque sabía que se me esperaba lo menos con quinientos hombres, una pieza de artillería y abundantes pertrechos de guerra (...).”

La conferencia, esa tarde, quedó interrumpida porque Vicente García estaba enfermo de fiebres. Permanecieron juntos varios días. El 13 se trasladaron hacia Lagunas del Caimán para entrevistarse con el capitán Juan Veloso, también proveniente de Las Villas, quien se encontraba convaleciente. En su informe verbal, al contrario de Gómez Cardoso, intentó presentar otra situación de la guerra al oeste de la Trocha. Pero el General le pidió que lo hiciera por escrito.

Marcharon al Jobo, ese mismo día, y allí permanecieron hasta el 18, cuando se establecieron en La Viuda. En el mes de mayo, continuaba Marcial junto a Vicente García. Organizó un destacamento de infantes. Acampó en La Esperanza y Santa Rita. El 10 envió una comisión a Morón por órdenes del General. Y el 22 se separó de él, luego de recibir un alijo de armas para Máximo Gómez. Sin perder tiempo, por suerte, marchó hacia Las Villas. Pudo escabullirse otra vez entre los fortines.

Ya había comenzado el movimiento sedicioso de Santa Rita, que tanto afectó a la unidad de los libertadores. Gómez Cardoso siguió en la batalla, alejado de conspiraciones que laceraban la causa independentista. El 3 de marzo de 1878, después de firmado el Pacto del Zanjón, al frente de cinco oficiales y 103 soldados con 44 armas de fuego, se acogió a la paz.

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