Entrevista Israel Rojas • A propósito de la gira nacional Sumando Ideas, Israel Rojas Fiel conversó con Invasor sobre música, poesía y aspiraciones

De Guantánamo salieron con la guitarra al hombro un día cualquiera de un año, ya impreciso, con muchos sueños, muchas ganas y la certeza de que había que llegar a La Habana para triunfar. Bares, alquileres, desaciertos, temores y un incipiente repertorio chocan con la promesa de grabar un disco bajo el sello EGREM. Déjame entrar fue un éxito, y vendrían más.

El dúo devino banda e Israel Rojas, voz principal, con sus canciones ha trazado el país que sueña dentro y fuera de nuestras fronteras, ha ganado seguidores en las redes sociales, ha reunido a más de 20 000 personas en un solo concierto y con igual dosis de inteligencia y carisma ha congeniado con una generación de cubanos que, sin importar el ritmo de turno, siempre corre tras los acordes de Buena Fe.

• Vea momentos de la gira Sumando Ideas en Ciego de Ávila

—Tus canciones, a menudo, son calificadas como polémicas o reflexivas, ¿algún problema?

—Yo creo que quien dice lo que piensa siempre va a generar polémica. Nadie emite criterios apoyados por unanimidad, por eso, hay quien cree que digo cosas muy inteligentes y otros piensan todo lo contrario. Ahora, soy es un tipo muy informado, trato de estar muy seguro de lo que lanzo al público y difícilmente emito un juicio sobre algo que no haya estudiado. Lo malo no es opinar, sino hacerlo sin base, sobre una nube de vapor.

"Opino sobre lo que me interesa o me preocupa y soy un enamorado de este país. Coincido con Eusebio Leal cuando dice que 'la Patria es un sueño, una proyección de nosotros mismos donde depositamos nuestras mayores aspiraciones'. En consecuencia, quiero y lucho para que este país sea 1 000 veces mejor.

"Aquí, también, surgirán discrepancias con quienes sueñan diferente a mí, a los cuales respeto, pero no por respetables, sino porque es su derecho y debo hacerles esa concesión."

—Las comparaciones con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Joaquín Sabina o Ricardo Arjona son usuales, pero, ¿cómo describirías tus canciones?

—Si al terminar esta gira, por cualquier motivo, dejara de existir, Buena Fe va a quedar como un referente en sí mismo. Ya nadie hablaría que si Pablo, Silvio, Sabina o Arjona... si logramos eso, ser un referente gracias a 17 años de trabajo poniendo temas en circulación y siendo consecuentes con lo que pensamos, lo demás son valoraciones subjetivas.

"Nos encanta de Pablo su musicalidad, no tenerle miedo a las melodías bonitas y no complicarse para decir las cosas que le laten dentro. De Silvio amamos su eticidad, su vuelo poético y su capacidad de ser coherente dentro y fuera del escenario. De Sabina me encanta su modo de amar la poesía, sin excluir la vida y su manera de cronicar hasta lo más trivial. De Arjona, su enorme capacidad de saber qué hacer con sus creaciones, dónde ponerlas y suponer las reacciones del público, para ello se requiere una enorme intuición, aquellos que no la tienen no la entienden y, por eso, lo malinterpretan y demeritan... un gran error, pues es capaz de venderle un helado a los mismísimos pingüinos.

"Podría enumerarte otros cantautores con los que comulgo, incluidos algunos de mi generación, menos conocidos, como Leonardo García. Cada uno tiene algo que enseñar y hemos sabido aprender de todos sin perder nuestra esencia: hacer canciones ajustadas al momento que nos tocó vivir."

—Las letras de Buena Fe también tienen poesía...

—Sí, yo creo que la poesía está en todo lo que intenta ser bello y diáfano. Yo consumo mucha poesía, ese es el taller dónde me lleno de elementos para expresarme mejor. Leer poesía te “imanta” el alma de belleza, pero, justamente, porque la admiro tanto la respeto en igual medida. No me creo un poeta, soy un cantautor.

—Iniciaron como un dúo a guitarra. Ahora, son una banda y emplean otros instrumentos, ¿han buscado equilibrio entre sonoridad y letras?

—Esa siempre fue la idea, que las canciones estuviesen vestidas lo más hermosamente posible. Podemos emplear solo la guitarra o recrearnos en las potencialidades de otros instrumentos. El proceso de creación es comparable con una mujer que nada más en bikinis es bella y, en otros casos, requiere todas sus alhajas para lucir. Sin embargo, tratamos que sea la canción la que pida, porque nosotros estamos aquí parados encima de ella, esta entrevista sucede porque existe un grupo de melodías capaces de sostenernos.

—¿Ha tratado Buena Fe de insertarse en el mercado internacional?

—Si te digo que no, te estaría engañando. Todos los artistas, hasta cierto punto, desean hacer llegar su trabajo a un gran número de personas y eso no es otra cosa que llegar al mercado. Ahora mismo no existe un circuito de distribución ajeno al proceso mercantil. Grabas tu música, la pones en el mercado y tratas de venderla.

"La negación de este proceso por algunos críticos o instituciones en el país es lo que ha traído el empantanamiento, por desgracia, de mucha de la mejor música cubana y, a la par, le ha dado espacio a los interesados en vender al por mayor. Al reguetón le ha ido tan bien por saber cómo vender, mientras otros géneros enfrentan problemas porque no hay estructuras creadas para vender. En el equilibrio estará la salvación."

—Eres muy mediático, ¿alegrías o aflicciones?

—Decir siempre sí a los periodistas ha sido un arma de doble filo porque he sufrido malentendidos al depender todo de su subjetividad, o sea, cómo enfoca la entrevista, qué pondera, magnifica o silencia. Alguna vez cometí el desliz de pensar que por ser más ermitaño, más ostra, me “lo iba a quitar de arriba”. No funcionó y decidí ser como soy, lo mismo en el espacio social que en el privado. Yo siempre digo lo que pienso, para bien o para mal, en todo caso el problema será de los periodistas —explica mientras guiña el ojo—. Mi mejor herramienta para conversar con mi público son las canciones. No hay entrevista, por buena que sea, capaz de sustituir el poder de la canción, por eso, trato de ser muy cuidadoso en mi trabajo como cantautor y de estar a la altura de lo que gente espera.

—A pesar de la popularidad ganada el público te reconoce como alguien muy sencillo...

—Si ha existido un proceso de construcción de imagen ha sido algo natural, yo ni lo he buscado ni lo pretendo, incluso, si lo hiciera me saldría muy mal, pues soy un “cheo” que disfruta su “chealdad”. Yo no me se vestir, no me se pelar y siempre le digo al barbero: pásame el dos y completo. Espero que la gente nos recuerde por las canciones. Esa es la única “palucha” que puedo darme en la vida, que exista una generación de cubanos capaces de escuchar nuestras canciones y acogerlas como suyas.

"Encontré en la creación un sentido de existir que practicaré desde aquí y hasta dónde me lleve la vida. La sensación de llegar a una plaza y ver como el público corea temas salidos hace solo unos meses es “orgásmica”, eso es lo importante, lo demás va y viene.

 

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