Cuando Anet me dice: "Tío, yo te quiero mucho", los brazos no me alcanzan para reciprocar sus apretones, mientras la cara se me llena de besos en apenas segundos.

Josefita me reclama porque, para ella, no puede ser de otra manera: ¿Yo soy tu princesa? Fernandito, de siete años, trae a mi mente la imagen de su mamá, Linet, la sobrina que partió antes de tiempo. Aunque en verdad nunca es tiempo.

Nadie, a menos que sea un suicida de deporte extremo, se inscribe en el puentismo sin convencerse de que la cuerda es más corta que la altura, que los tobillos están bien atados y que la elasticidad de la soga lo salvará, a ratos, de la gravedad.

De antemano ofreceré disculpas, porque, empezando por el título, estas letras podrán parecer ofensivas. Pero voy a correr el riesgo, a fuerza de ser sincera. Creo que la coyuntura lo necesita.