Terminal de MorónIDesconsiderado, sin el más leve pudor, el pasajero saca medio cuerpo fuera de la ventanilla del camión y le dice a la mujer que barre el andén: “Déjame echarte estos papeles ahí, porque si yo no los boto tú no cobras.”

Oscuros y apagadosAchica los ojos para ver mejor, enciende la linterna del celular para adivinar el camino. Su vecino es menos dichoso, entre mosquitos y palmadas, desiste y cambia el rumbo, otro día se conectará a la wi-fi. Al fondo, los patines ruedan a tientas y siempre hay quien aprovecha el momento para unos “tragos”.

Dame lo que tú quieras ILa frase me incomodó, no tanto porque el bicitaxista evadía definirle el precio a su trabajo, él, que mejor que nadie sabe cuánto vale su pedaleo, sino porque hasta hoy no sé si lo que yo quise (o pude) era lo que él merecía y esperaba.