Corto el salto largo Pastor 1Tal vez para la mayoría de los alumnos de la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) Marina Samuel Noble y de otros centros de la enseñanza deportiva en Ciego de Ávila, la palabra presupuesto no sea más que una especie de incógnita, algo impreciso que salta por encima de la varilla y cae en terreno de otros.

Esa tabla concentra la arena para la caída, pero crea inseguridad y peligro para el salto

La realidad, sin embargo, continúa demostrando que la adecuada planificación y ejecución del dinero presupuestado se torna vital para asegurar no solo la cantidad de actividades que requieren las distintas disciplinas deportivas, sino, también, la integralidad y calidad del proceso.

Los cajones de salto (fuera de uso uno de ellos) y la pista de atletismo, en su conjunto, devienen ejemplo visualmente tangible de ese fenómeno, a pocos metros de la Avenida de los Deportes, en la cabecera provincial.

“Como consecuencia de tanto años de explotación, sin el mantenimiento que debiera recibir esa instalación, la arena ha ido disminuyendo y contaminándose con tierra”, admite Roberto Herrera, entrenador de eventos múltiples en la EIDE.

Ante esa situación —y para no afectar, en mayor grado aún, los entrenamientos— fue necesario reducir las dimensiones del cajón de salto largo y mover material hacia la parte delantera e intermedia, con el propósito de crear condiciones más seguras para la caída, al menos en esa área.

No hay que ser especialista para percatarse de que, si bien la alterativa ayuda a paliar el problema, no es la mejor solución.

La presencia de una tabla, a guisa de cortina, para mantener concentrada la arena, introduce un “ruido” psicológico sobre el atleta, a la hora del salto, además de implicar, todo el tiempo, peligro de contacto o de encontronazo con la madera.

De hecho, según explican los propios profesores, algunos alumnos han sufrido lesiones, sobre todo en tobillos.

Brayan Lito Ramírez, del municipio de Primero de Enero, sostiene que, al prepararse para el salto, él logra “olvidar que la tabla está ahí”, pero reconoce que “si la caída no es buena, uno puede lesionarse el pie, el tobillo o una mano”.

Alertas no han faltado en torno a un asunto que repercute directamente en el rendimiento deportivo y en el aprovechamiento del tiempo. Bien lo sabe el entrenador Yuder Martínez González, cada vez que tiene que “hacer colita para trabajar con los muchachos ahí”.

Las dificultades no solo perjudican al salto largo. El de altura transita por similar panorama. Por suerte, en ese caso, el ingenio de docentes o entrenadores ha hecho milagros, a partir del uso de materiales desechados, para que niñas y niños continúen buscando la cima.

Pero Yuriel Romero, padre, sabe que algo no anda del todo bien. Él, como José Ramón Castro, considera que, conocido el asunto, nada nuevo, por demás, debió concebirse ya una solución a la hora de planificar, de un año para otro.

“Estas condiciones no estimulan ni ayudan al alumno. Mi hijo logra 1,64 metro en salto alto y hace unas horas se quedó en apenas 1,55”, enfatiza Yuriel.

Recientemente, Invasor publicó una información acerca de inversiones para mejorar la infraestructura deportiva, en un empeño que asciende a dos millones 27 000 pesos.

De ejecutarse como corresponde, debe ser beneficiada la pista de atletismo, mediante relleno y el área de lanzamiento. Directivos del sector deportivo explican que se ha establecido contacto con la delegación territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) para obtener autorización que permita extraer y trasladar la arena que requiere el cajón de salto largo.

Mucha falta hace que tal gestión acabe de “aterrizar” allí. Muchachos, entrenadores, padres, deporte y provincia lo necesitan. ¿Será tan difícil, en verdad, resolver de una vez y por todas ese problema?

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