Querer casi siemrpe es poder• Con una vocación casi innata para cantar Bráyam Cárdenas, a sus 11 años, ya escala sueños

“Mi familia siempre me ha apoyado”, aseguró Bráyam Cárdenas

Dicen que desde pequeño se robaba el show en las reuniones familiares cuando, empecinado en cantar, tomaba un lápiz, lo acercaba a la boca y balbuceaba algunas notas porque, difícilmente, a los dos años completaba frases sin problemas de dicción o con las consonantes correctas.

Bráyam Cárdenas Hernández no esperó demasiado y a los cuatro años sustituyó el lápiz por el micrófono y comenzó a cantar “en serio”, a pesar de crecer entre médicos y maestros.

De las presentaciones informales en las casas de abuelos y comunidades intrincadas, pasó a la seriedad del teatro Principal, la sala Abdala, las actividades de la Feria del Libro, los primeros festivales Cantándole al Sol, y el festival de la canción pioneril Cuba qué linda es Cuba.

“Me gusta cantar y estar sobre el escenario. Dicen mis padres que siempre he sido muy inquieto, sin embargo, ahora dedico mucho tiempo a la música —hace una pausa y agrega— claro, tengo que estar bien en la escuela, sacar buenas notas y ser disciplinado para que mi instructora de arte continúe con las clases y me deje actuar. Además, mis padres son muy exigentes.”

De mirada ingenua, porte elegante para sus pequeños 11 años y “gigantes” cualidades vocales, no teme “entonar” palabras frente a las cámaras y mientras más público llene el auditorio mejor afina la voz y mueve los pies.

“Neysuk Mateo Ferrer e Ismael González Román me descubrieron en una de mis presentaciones en el teatro Principal y comencé a trabajar con ellos. Con temas como Fiesta de la amistad y Como te quiero mi Cuba participé en anteriores ediciones de Cantándole al Sol, pero fue este año, en competencia con otros 11 niños, que gané premios en las categorías de interpretación, composición y popularidad con Rico son tradicional. Entonces, fui seleccionado para ir a La Habana.”

Durante 17 días Bráyam se alejó del confort del hogar para desandar las calles habaneras, descubrió la guarida creativa de los dibujos animados exhibidos en Cuba, compartió espacio con el grupo infantil La Colmenita y enfrentó las peripecias de actuar, por primera vez y sin preámbulos, con una orquesta en vivo.

“En total se presentaron 22 obras escogidas de 12 territorios e interpretadas por niños de entre 8 y 15 años de edad. Recibimos la conducción de todo un equipo de profesionales y, en especial, el apoyo de los autores de los temas. Ismael y Neiysuk ya son como mi familia.”

Solo con el inicio pudo vaticinarse que la competencia estaría reñida. Cada vez que el telón de la sala Avellaneda del Teatro Nacional abría, nuevas sonoridades ganaban la partida. Al tercer día ya se olía el final y desde el otro lado, los nervios expectantes añoraban un resultado capaz de redimir tanto esfuerzo y pasión compartida en familia.

La justísima decisión le otorgó el Premio de Interpretación en el XIV Festival de Creación de la Canción Infantil Cantándole al Sol y se revolvió de regocijo entre el manojo de aplausos y reconocimientos. Desde las distantes lunetas mamá, abuelos y primos sudaron hasta la última gota con congoja, para luego compartir las alegrías.

“He aprendido a controlar los nervios, mas fue muy difícil enfrentarme a una actuación en vivo de esta connotación. Pensaba que no ganaría nada. Al final, todos nos asombramos con el resultado. El evento me ayudó a ser mejor y ahora tengo amigos en todo el país.”

Que le fuera negada la entrada a la Escuela de Arte por falta de habilidades resultó una sorpresa contradictoria, pero querer es poder y Bráyam no entiende de desánimos. Continúa su trabajo de aficionado, estudia guitarra, solfeo, conoce el piano y prefiere el género popular bailable por encima de cualquier ritmo de turno. Él solo quiere cantar.

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