parrandas2En su antebrazo izquierdo, Arturo Alonso lleva la marca de la pertenencia, una quemadura del día en que un volador le reventó casi en las manos. La muestra cuando pregunto si no hay peligro en eso de tirar fuegos artificiales y dice que sí, mucho peligro, pero que al menos él no tiene remedio. Mientras habla, dos candelitas se iluminan en sus ojos verdes, allá en el fondo del rostro tiznado por el humo negro que desprende la pólvora cuando explota. Y se puede entender que, a sus 35 años, si pudiera vivir de hacer estallar palenques y morteros todo el año, este joven licenciado en Cultura Física no haría otra cosa.

Al amanecer del sábado de parranda, comienza el desasosiego para la madre de Arturo y las del resto de los 19 hombres que integran el grupo de pirotecnia en Chambas.

“Tengo que llamarla a cada rato o darme un saltico por la casa, pa´que se tranquilice”, dice Arturo. Sentado en medio de la calle, el suyo es el primero de los siete tubos con vocación de cañón, lo que indica su jerarquía. “A mí me traían en brazos a ver los fuegos, figúrese, lo llevo en la sangre.” Entre cada tubo hay casi dos metros de distancia, el saco con los voladores está lejos, entre 15 y 20 metros.

Arturo ajusta los protectores en sus oídos y espera que otros dos muchachos le traigan la carga. Los jóvenes “asistentes” llevan anudado un brazalete, confirmación de que pueden participar de la “ceremonia”. Así se empieza, cuidando a los demás, ayudando. En una fracción de segundo el fuego consume la mecha y después de la primera explosión abajo, la segunda, arriba, hace el milagro de la luz. En Chambas la parranda no es, sino con luces en el cielo y el sonido ensordecedor de la pirotecnia.

Hay mucho de tragicómico en lo que dicen los animadores de cada barrio por el audio local. La porfía entre Gallo y Gavilán se expresa, también, en los comentarios que buscan desacreditar al oponente, aludiendo a la falta de originalidad en el diseño de las carrozas. Desde el bando de los gavilanes dicen que las mulatas de poliespuma de lo galleros fueron las mismas que perdieron la porfía entre jutíos y ñañacos en Vueltas.

Lo cierto es que no hay jurado que declare un vencedor en las Parrandas y que mucho de lo que se exhibe en las noches de paseo ya fue visto en otros lares del centro del país. Si Alexis González, proyectista y director artístico del Gavilán confeccionó una carroza con motivos asiáticos nombrada Los hijos del sol no fue porque la inspiración vino de China o Japón, sino porque en Vueltas los jutíos trajeron el Hanami, una tradición japonesa asociada con el florecimiento de los cerezos. Igual sucede con el barrio vecino, reciclando una que otra figura y los vestuarios de sus homólogos villaclareños.

parrandas7“Yo sé que el año que viene debo hacer algo relacionado con la cultura egipcia”, comenta Ariel González Escalante, proyectista y director artístico del Gallo. “La de 2016 se llama Acuarela de Brasil, y quisimos dedicársela a ese país, a propósito de las olimpiadas.” Su aclaración es casi redundante, porque basta el enorme Cristo, como el del Corcovado que domina la ciudad de Río de Janeiro, para entender de qué va la creación.

Si ambos barrios quisieran ser completamente originales deberían desembolsar mucho más que los 50 000.00 pesos que cuesta hoy, solo en concepto de salarios, una carroza. Ariel calcula, a ojo de buen cubero, que, además de esa cifra, su Acuarela de Brasil gastó otros 30 000.00 pesos, tomando en consideración algunos recursos que no suministraron las autoridades locales en Chambas y que los propios vecinos compraron con su dinero.

A Caibarién, que se ha hecho con el “monopolio” de los vestuarios no se le puede pedir exclusividades, a menos que, por encima del alquiler, se entreguen materiales o su equivalente en dinero. Las luces hacen el recorrido de ida y vuelta desde Zulueta. Es un toma y daca que, en buena lid, ha mantenido viva la tradición, después de que varias de estas localidades perdieran la capacidad de autogestionar la festividad.

Solo la pirotecnia es 100 por ciento chambera, pero, ¡viva la ironía!, las nuestras son las parrandas con menos fuegos de toda la región central del país. Así lo aseguran en carta colectiva enviada a Invasor parranderos de ambos barrios, porque a la hora de defender su festejo, a los gavilanes les crecen espuelas y a los gallos les da por volar alto.

Mirando cómo la bengala sube al cielo y estalla en diminutas lucecitas, Arturo parece pedir un deseo cuando dice: “Lo que hace falta es que haya más voladores.”

parrandas10El grupo de pirotecnia de Chambas es uno de los dos en el país y tiene la capacidad de producir fuegos todo el año. De hecho, lo hace, y es aquí donde compran los parranderos de Vueltas, Camajuaní, Zaza del Medio. La estructura organizativa y económica en esas localidades les permite contar con suficiente capital como para “alumbrar” las noches villaclareñas.

“¿Cómo es posible que trabajen todo el año, ingresando cientos de miles de pesos y que ese dinero no se pueda utilizar para financiar la parranda por un problema de mecanismos?”, se preguntan los remitentes de la misiva, a lo que agregaría una interrogante más simple: ¿Qué le impide a Chambas copiar la manera en que se organiza y ejecuta la festividad en Villa Clara, a todas luces con mayores eficiencia y aceptación entre protagonistas y la población? Si un momento parece propicio para cambiar viejos modos es este, en el que la descentralización de algunas actividades persigue aligerar el trabajo de los gobiernos locales.

• En 2015, Invasor propició el debate en torno a la sostenibilidad de esta y otras tradiciones

A fin de cuentas, lo que está en juego no es, únicamente, la cantidad de clavos, los galones de pintura o los metros cúbicos de madera, sino la felicidad de la señora que va y toca la carroza, con los ojos húmedos, y una frase elocuente se le escapa: ¡qué cosa más linda, por Dios!

Está en juego la felicidad de Arturo y los muchachos que, al menos una vez al año, iluminan el cielo y ensordecen al gentío, aun a riesgo de quedar marcados para toda la vida, como si nacer gallo o gavilán no fuera marca suficiente.

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Momento en el que se lanzan los voladores, en el saludo del barrio del Gallo. Parrandas de Chambas 2016.

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