Cuando conocí a Paula era el pequeño regalo de ojos azules y cabellos rubios que Alicia y Roberto, mis vecinos de enfrente, habían esperado por tanto tiempo. Su llanto constante me despertó varias veces en medio de la noche, pero aprendí a cargarla, a vestirla, a quererla como la hermana menor que nunca tuve.

periodistasQuién tendrá mi rostro, mañana, cuando sea yo solo papel amarillento en los archivos, me pregunto, mientras ellos nos invaden a ratos en el año.

Cuando Anet me dice: "Tío, yo te quiero mucho", los brazos no me alcanzan para reciprocar sus apretones, mientras la cara se me llena de besos en apenas segundos.

Josefita me reclama porque, para ella, no puede ser de otra manera: ¿Yo soy tu princesa? Fernandito, de siete años, trae a mi mente la imagen de su mamá, Linet, la sobrina que partió antes de tiempo. Aunque en verdad nunca es tiempo.