chamo celular 643x337Lo observan por encima del hombro, con las cejas arqueadas y una mueca al estilo de “mira pa´eso”, mientras él parece ensimismado pasando su dedo pulgar sobre la pantalla del celular. No se ha percatado de que a esa hora de la tarde dos señoras conversan sobre la juventud, que está perdida, como aquel, que se pasa el día en la bobería de la “güifi”, haciendo sabe Dios qué cosas, perdiendo el tiempo...

El muchacho no percibe que en la corta distancia es juzgado —bien sea que esté recopilando información para la tesis de licenciatura o repasando la lista de los 10 lugares más visitados del mundo en 2016— y los “jabs” de derecha e izquierda rebotan en una suerte de guardia alta a base de guantes aislantes (también conocidos como audífonos), que protegen sus oídos con, digamos, el último disco de Melendi.

En el fonograma del ibérico hay una guaracha-son-pop sabrosita que habla de un gallego que conoció una cubana en un bar de La Habana y pensó que sería fácil. Pero la mulata le dijo que la cosa no iba así y tuvo que “pulirla”. Y bueno, ya pasaron 10 años desde que están juntos. A propósito, el tema tiene hasta un video, pero ni en la radio ni la televisión lo pasan porque hay una mala palabra, muy conocida y utilizada, pero impublicable...

A lo que iba. En un rato, cuando se acabe el saldo de la cuenta temporal de Nauta, el muchacho volverá sobre sus pasos y seguirá con su vida, de la cual, las dos amables señoras aspirantes a juezas legos o domadoras —cuando haya equipo de boxeo femenino se pintan solas como prospectos— no saben ni el 99 por ciento.

Sin ser consciente, o a pesar de ello, ha ido a parar al mismo saco donde unos meten a otros que no se ajustan a sus esquemas. Puede que, ciertamente, el chico tenga un problema con el exceso, una adicción a los equipos que lo aíslan del mundo y le impiden formar parte y participar del “mundo real”. Pero podría ser, sin embargo, un tipo conectado a la realidad desde una visión plural, que le permite conjugar ambos “escenarios” en los que se dirime la existencia de la gente hoy.

No obstante, puede ser, también, que el ensimismado esté pensando lo mismo pero con signo contrario, y cuando levante la vista, con las cejas arqueadas, solo vea dos señoras criticonas que no saben pronunciar wi-fi, les ponga una etiqueta mental y las mande a la papelera de reciclaje con un toque del dedo.

Lo cierto es que el mundo real es cada vez menos parecido al de aquellos días en que los jóvenes se enamoraban dando vueltas al parque. Ahora van al mismo espacio físico a chatear con las novias o los novios, que pueden estar sentados en otro parque o en cualquier cafetería del mundo. Y eso no está bien ni mal. Está. Y sería mejor si en lugar de boxear la vida, etiquetar e ir arqueando las cejas ante lo diferente, pensáramos en cómo la diversidad nos hace mejores, interesantes, fuertes, y ojalá muchísimo, más inteligentes.

• Desde que estamos juntos. Melendi

 

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Comentarios   

+1 #2 Ifrit 03-04-2017 15:02
¡Cuánta razón tiene este artículo!
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+1 #1 tessalia 03-04-2017 14:25
Muy bueno su articulo compañera Sayli , aunque, lamento decirle que si no ha escuchado la cancion de Melendi : Desde que estamos juntos , ha sido por falta de tiempo pues en la radio avileña la han puesto claro sin la palabra P.... gracias a alquien que sabe editar y ahora podemos escuchar este numero musical de este artista .
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