LisacolinappletreeNo es fácil encontrar en estos tiempos un niño que se llame Salustiano, Telesforo, Isidoro, Doroteo; o una niña nombrada Palencia, Encarnación, Eustaquia...

Esas denominaciones eran muy comunes en el siglo XIX y hasta mediados de la anterior centuria, arraigadas, incluso, como legado cultural, con mayor énfasis en las zonas rurales.

Muchas de tales denominaciones devinieron herencia en el primogénito, pues casi siempre los padres preferían perpetuar su identidad, o la de los abuelos del pequeño o la pequeña.

Algunas de las rarezas que provocaban hasta la risa nacieron con la emigración de ciudadanos de naciones caribeñas de habla inglesa, los que en ocasiones se ponían cualquier apelativo y adoptaban el apellido del colono o hacendado que lo explotaba.

Cuentan que en el municipio de Baraguá vivió un jamaicano conocido por Gofio en Lata, mientras un haitiano del pueblo camagüeyano de Esmeralda se autoproclamó Tractorcito Ford.

Y no faltaron los que utilizaron designaciones de medicamentos, como es el caso de una señora espirituana que se hizo llamar Insulina (¿?), no porque ella fuera diabética y menos aún dependiente de ese fármaco inyectable, sino tal vez por la bonita fonética de la palabra.

Al cabo del tiempo, en pleno siglo XXI, en la provincia de Ciego de Ávila —en otras sucede lo mismo—, existen nombres de niños y jóvenes que si no te los repiten varias veces no puedes descifrarlos; y si prefieres copiarlos por teléfono es necesario que te los deletreen.

Ese es el caso de Rojaxinoma, Imisurani, Hiroshi, Ziahulín, Kianella, Rigodian, Sarahí..., tal vez traídos del japonés, de otra lengua o tomados de filmes o personajes literarios.

Tal colección de rarezas comprende, además, Sursonda y Surisonday, Liliaty, Leduán, Jorbe, Yairany, Yaramay, Jaikey, Adomara y Soirany.

La imaginación de los padres cubanos en la búsqueda de nombres sui géneris llega en ocasiones al ridículo, tras combinaciones o uniendo sílabas de los progenitores, para crear un sustantivo completamente desconocido.

Así tenemos Luisacán (de Luisa y Cándido), Jorma (de Jorge y María), Ezemir (de Ezequiel y Mirta) y Anahí (de Ana e Hilario).

Si a las señoras que se llaman Adis se les ocurriera invertir el orden de las letras para inscribir a su pequeña en el Registro Civil de la localidad, entonces la niña se nombraría nada menos que ¡Sida!, las siglas del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida.

En los últimos tiempos se nota un renacer de los apelativos compuestos, como José Alberto, José Carlos, José Manuel, Luis Miguel y otros. Y son muchos los José, cuyo nombre es palabra aguda, pero cariñosamente les dicen Jose (llana y, por supuesto, sin tilde).

Unos cuantos apelativos propios de personas son igualmente apellidos para otras, como Luis, Alfonso, Jorge, Ricardo, Bernardo, Alejo, Felipe, Flores...

Seguramente usted no sabe que los apellidos del autor de este comentario son Juan y Leandro. Sepa, además, que mis hijos se llaman Carlos Alberto, Armando y Olga Lidia (de nombre), con los apellidos Juan Santiago, situación que posiblemente sea la única en Cuba con esas designaciones de identidad.

Pero la modernidad conduce a cambios sorprendentes. En mi barrio, a un cachorrito nacido recientemente no lo llaman Campeón ni Yanko ni Sultán ni Laiko, pues su dueña le puso Wi-Fi, aunque al animalito le “agrada” más (y lo muestra con sus ladridos) cuando le dicen Way-Fay.

De todas formas, tradicionales o modernos, son pocas las personas que emprenden los trámites para cambiarse su nombre de pila. Por eso debemos ser racionales a la hora de elegir el patronímico para nuestros descendientes, así evitaremos complicaciones en las relaciones sociales.

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Comentarios   

0 #3 brmh 04-01-2017 16:04
lo de LOBO, fue en españa

barbaro ricardo martinez hortelano
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0 #2 brmh 03-01-2017 20:46
el año pasado se formo tremendo FOLLON , por que unos padres querian poner como nombre a su hijo LOBO, el registro civil no lo aceptaba y fueron a juicio que ganaron, pero por ley hay nombres que no se le pueden poner y han existido casos.

barbaro ricardo martinez hortelano
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0 #1 brmh 03-01-2017 17:23
mi abuelo tenia un primo que se llamaba
santoral al dorso, y es que fuero a buscar el santo que le correspondia y lo que leyeron en el santoral fue eso.
increible, yo trabajo en una calle que se llama telesforo, en mi vida habia oido ese nombre.
y que me dices de eso de poner el nombre de uno de los padres al reves al niño.
leandro, muchas gracias, mira que pregunte en invasor digital sobre la fabrica de tablero de violeta y nadie me respondio, ahora lo supe por un comentario en radio surco firmado por ti

barbaro ricardo martinez hortelano
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