Mucha Juana Pastor 1Al verte, Juana Valdés Estepe, devorando, paso a paso, con tus 83 años, cada metro de calle y de explanada, para pasar frente a la tribuna, apoyada en tu inseparable bastoncito...

Al observar el modo en que, a intervalos, sonríes, te afincas y continúas...

Víctima, yo, de inevitable admiración y sorpresa porque, excepto esa banderita y el eterno Fidel que traes de tu mano, nadie más te acompaña (sé que tus muchachos —como vas a seguir llamándoles, aunque cumplan cien años y tú unos cuantos más— se fueron a desfilar con sus respectivos sindicatos)...

Pero, sobre todo, cuando escucho, casi en un susurro, que has venido desde la calle Fernando Callejas, cerca del Policlínico Sur, en Ciego de Ávila, porque ni los calendarios ni la jubilación pueden frenarte ni, mucho menos, borrar todo lo lindo que te dejaron, dentro del alma, 25 años haciendo azúcar en el Central Ciro Redondo...

Entonces tengo, obligatoriamente, que preguntarme: ¿quién, sabiéndote como eres, se resistirá a ser, la próxima vez, el primero en desfilar junto a ti?

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