366 días.Más recurrente que la carne de cerdo, la yuca y el congrí juntos, son los pensamientos a fines de diciembre cuando, de “un bocado”, digerimos la vida que ha sido durante 366 días. “Masticamos” el año en minutos y vuelve el mejor sabor a embriagarnos y el peor a amargarnos. Regresan todos, en ráfagas, para convencernos de que podrían haber sido peores o mejores, y que las perspectivas a veces vuelan altas y uno debe habituarse a mirarlas, solo para elevarnos si es que un día no alcanzamos a tocarlas.