Revolución cubanaAllá en enero, 2016 parecía un año difícil, en el que se auguraban limitaciones en el crecimiento económico y, por ende, en lo social. Enfrentamos el ciclo que iniciaba a sabiendas de que sería un tiempo de ajustes, signado por el ahorro y la imperiosa necesidad de hacer eficientes todos los procesos. Las noticias en julio no hicieron sino confirmar las complejidades desde las que, todos los días, tiene que levantarse este país.

Y habría sido solo un año difícil más, de los que también han forjado un poco lo que somos, si en las postrimerías de noviembre no hubiera caído un aguacero gélido sobre la anatomía de la Isla para poner ante todos, ya con respuesta, la pregunta que de alguna manera nos habíamos hecho tantas veces. Resultó que sí sabíamos cómo sería después de Fidel. En realidad, no existe una Cuba sin Fidel.