Criar esperanzas Fin de añoSegún el “cronograma” este año, el puerco asado le toca a mi papá. Hace como cinco años mi viejo y mi tío hicieron un trato: alternarse el “protagonismo” de la fiesta, para no “presionar” los bolsillos. Eso contra todas las recomendaciones, incluso mías —que de vez en cuando me pongo tacaña— que le aconsejaban recortar los gastos, porque la vida está dura. “Con un pernilito resolvemos”. Y él que no.

Mi padre y mi tío tienen una filosofía que, lo he comprobado, comparte mucha gente en Cuba. El año puede haber sido todo lo difícil que se esperaba, la economía familiar no estirar más, los ahorros estar en números rojos, pero las fechas importantes no pueden pasar por alto. Y el 31 de diciembre, así como el 24 o los cumpleaños, son días importantes.

Allá como en mayo o junio, uno de los ocho cerditos de la puerca de mami fue señalado para morir. El pobre animal nunca supo que esa rutina de darle desayuno, almuerzo y comida durante tantos meses no era, precisamente, una atención, sino una intención. Una mala intención.

Y así, un año nosotros —o sea, mi padre, pero el plural suena mejor— y otro su único hermano, hacen que todos los caminos de los nietos y los primos conduzcan hasta el barrio natal, donde una vez cada hijo construyó su hogar a ambos lados de la casa de mi abuela. En el patio común, muchos finales de diciembre, juntamos mesas y recopilamos manteles, platos y cucharas, vasos de aquí con los pomos de agua fría de allá, y tuvimos una cena en familia, como recomienda el corazón en estas fechas.

No digo que esa sea LA receta, apenas es NUESTRA receta, el modo particular en que esperamos las 12:00 pm, quemamos el muñeco, echamos un cubo de agua a la calle y nos besamos, después de las salvas y el Himno Nacional en televisión. A esa hora ha habido que despertar a dos o tres, que no aguantan el sueño tras la comida a las 8:00 pm. Se debe comer temprano, porque en la familia son más los niños y los adultos mayores, y usted sabe...

Hay como una obligación, más bien una necesidad, o tal vez la comprensión de que ese momento es imprescindible para echar pa’lante otro año, máxime si se adivina complicado, como el que termina.

El 2017 vendrá con desafíos similares al de 2016. Lo dice Raúl con ecuanimidad, ante la Asamblea y el pueblo. Lo dice el pobre crecimiento del Producto Interno Bruto pronosticado —que se construye sobre el decrecimiento de casi un punto porcentual—. Lo dice el panorama internacional que pareciera no gestar buenas noticias.

Contra el agüero infeliz no se me ocurre otro conjuro que ese instante en que estamos todos reunidos y sentados a la mesa. Nosotros no brindamos con vino, sino con agua, y en los mejores casos con cerveza, pero brindamos. Hay que celebrar la vida, mi gente, porque es única y vale la pena vivirla.

Este sábado de final de ciclo, convido a la familia cubana a sentarse a la mesa, con lo que tenga: un pernilito o un puerco a la parrilla. A juntar platos y cucharas, manteles, agua fría, a quemar lo malo y botar a la calle solo la mitad de un cubo, a darle una vuelta a la cuadra con una maleta para viajar... y regresar.

Los convido a criar esperanzas, como mismo se cría un cerdo (desayuno+almuerzo+comida+un propósito), a estirarlas y ahorrarlas, como la economía familiar, para que nos duren los 365 días, para que los muchachos no se vayan, para que se haga la prosperidad.

En realidad los convido a echar la vida en el molde de esas esperanzas, diseñarla a imagen y semejanza de los sueños que se cumplen cuando nos arriesgamos a darles cuerpo, a soplar el fuego de la forja para que no se extinga y no cansarnos nunca de martillar.

Criar esperanzas Fin de año

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Comentarios   

+1 #1 Ernesto salcedo 31-12-2016 15:49
Sahily te saludo desde Ecuador , tu verso cargado de esperanza real , motiva al lector ...LA VIDA ES UN RETO DIARIO , por ende hay que saberla vivir , solo viven los soñadores , porque la vida es un reto .La familia es la esencia de la vida .
Feliz 2017 , que continues con tu verso , real, concreto y de grandes fantasías .
Prof Salcedo .
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